Cuando el entrenador mexicano Javier Aguirre llegó al banquillo del Espanyol hace dos meses muy pocos esperaban una transformación tan radical del conjunto blanquiazul, que ha pasado de ser colista a estar ocho puntos por encima de los puestos de descenso de la clasificación.

La contundente victoria del pasado domingo ante el Athletic de Bilbao en San Mamés (0-4) es la guinda a un trabajo de muchísimas horas, tanto dentro como fuera del césped. Con el nuevo técnico, el equipo catalán ha sumado, con cinco victorias, cuatro empates y una derrota: 19 puntos de los 30 posibles que ha disputado.

Si la Liga hubiera empezado con Aguirre, el Espanyol estaría en puestos de 'Champions League'. Pero nadie en el vestuario blanquiazul piensa en Europa. La prioridad del club es lograr la permanencia -que habitualmente se cifra en unos 42 puntos- y no quieren distraerse con ningún otro objetivo más goloso y ambicioso.

Las claves de esta reacción total pasan, en un primer lugar, por el aspecto anímico. El entrenador se encontró a un bloque hundido y su terapia ha dado resultado. El papel de Aguirre en esta faceta también destacó en anteriores etapas en la Liga, como cuando dirigió al Zaragoza y también le salvó del descenso.

En lo futbolístico, el mexicano construye su fútbol desde atrás. Mantener la portería a cero, algo que ha logrado en cinco de sus diez partidos, es la primera premisa de 'el vasco'. Sin goles en contra, la tranquilidad del bloque va en aumento y el resto de líneas juegan con más solvencia.

Porque Javier Aguirre no quiere experimentos. Busca un fútbol sencillo, efectivo y sin riesgos. Confiar en mantener la firmeza atrás y esperar la inspiración de la parcela ofensiva ha funcionado hasta ahora. Sólo el Barcelona ha podido con el Espanyol, un bache en una línea claramente ascendente.

A nivel individual, los cambios más grandes de este nuevo Espanyol tienen lugar en la portería y en la punta de ataque. Bajo palos, el meta Kiko Casilla ha desbancado al hispano-argentino Cristian Álvarez de la titularidad. Por su parte, Sergio García ha pasado de la banda derecha a ser el '9' del equipo. Un éxito.

Por otra parte, Javier Aguirre ha conseguido esta revolución sin grandes dispendios en el mercado de invierno. El técnico comprende la situación económica del club y no ha exigido fichajes. El único refuerzo es el del extremo búlgaro Martin Petrov. El club buscaba un delantero y un medio, pero los candidatos no daban el perfil.

Pese a las buenas sensaciones, en la entidad catalana dosifican la ilusión. El vestuario asume que todavía no ha hecho nada, Aguirre insiste en la importancia de mantener este nivel de trabajo y, en los despachos, respiran tranquilos. La afición, por su parte, está eufórica. Pero controla su alegría: nadie quiere sorpresas.