El entusiasmo de los cientos de miles de inmigrantes de todo el continente africano que viven en Sudáfrica anima la Copa de África, tras el fin de una primera ronda con los estadios medio vacíos y poca repercusión en la calle.

Banderas de todos los países del continente ondean los días de partido en los barrios en los que viven las comunidades refugiadas o emigradas a Sudáfrica, una especie de Estados Unidos de África donde muchos africanos pobres o perseguidos han empezado una nueva vida.

En Johannesburgo, la primera ciudad del país, las camisetas verdes de las Águilas de Nigeria dominan en el céntrico barrio de Hillbrow, con fama de ser el más peligroso de esta urbe fundada en torno a las minas de oro.

"Quiero ver ganar a Nigeria en la final de Johannesburgo. Hillbrow será una locura", dice a EFE Joseph, un joven inmigrante nigeriano que llegó a Sudáfrica hace cinco años.

Pegado a Hillbrow está el antiguo centro financiero de la ciudad, de Sudáfrica y de todo el continente, el CBD (Central Bussiness District.

A los pies de los rascacielos y en medio del bullicio de sus calles mandan allí las coloridas banderas etíopes.

Miles de tenderos y comerciantes de ese país cuelgan las enseñas a las puertas de sus negocios, donde venden camisetas de todas las selecciones del continente y las célebres "vuvuzelas" para animar a los equipos.

Etiopía perdió esta semana ante Nigeria y cayó eliminada de la competición, pero los etíopes siguen vistiendo con orgullo uniformes y gorros del equipo nacional o camisetas con estampas del último emperador etíope, Haile Selassie, y del cantante jamaicano y seguidor de Selassie, Bob Marley.

"Teníamos un grupo difícil y lo hemos hecho muy bien, la próxima Copa de África será la nuestra", dice detrás del mostrador de su tienda el comerciante etíope Marian, después de la digna actuación de su selección ante la potente Nigeria.

"Y con un entrenador de nuestro país, somos el único equipo que no ha traído un entrenador blanco", añade con orgullo el tendero.

En el puesto de parafernalia rastafari de un etíope en la calle de Jeffe trabaja Fortunate, un joven ghanés que espera ver ganar a su selección su quinta Copa de África.

"Lo mejor es el ambiente en el CBD, todos los equipos tienen sus seguidores y el que queda eliminado elige otro y sigue disfrutando, porque los africanos estamos locos por el fútbol", cuenta a EFE Fortunate.

Ghana se enfrentará en los cuartos de final, que empiezan este fin de semana, al equipo revelación del torneo, Cabo Verde.

El combinado de esta excolonia portuguesa, de sólo medio millón de habitantes, contará con el apoyo de buena parte de los amplias comunidades también lusófonas de Angola y Mozambique en Sudáfrica.

"Apoyé a Angola y, aunque ellos nos eliminaron, ahora voy con Cabo Verde, y también con Sudáfrica, que así tengo más opciones de ganar", se ríe la mozambiqueña Florinda mientras un peluquero le hace trenzas en plena calle.

Una de las banderas con más presencia en el CBD es la vistosa enseña turquesa y roja de la República Democrática del Congo (RDC).

Los congoleses también habrán de buscarse otro equipo para la fase de cuartos, que empieza este sábado, y la mayoría apostará por la selección del país anfitrión.

Sudáfrica se clasificó para cuartos al empatar contra Marruecos en la recta final de un agónico partido disputado en Durban.

Las televisiones del país austral repiten sin cesar las imágenes del seleccionador de los Bafana Bafana (nombre con el que se conoce popularmente al equipo de Sudáfrica), Grodon Igesund, celebrando eufórico el gol del empate y el pase a cuartos.

La calificación ha desatado el optimismo de los hinchas locales, que de repente confían en un equipo plano pero voluntarioso y con mucha fe.

Las camisetas amarillas de los Bafana Bafana ganan presencia en las calles del centro, y los vendedores de banderas en los semáforos han visto crecer sus ventas ante el partido de cuartos del sábado que enfrentará a Sudáfrica y Mali. Marcel Gascón