La esgrima corre por las venas de Rubén Limardo y la pasión que le inculcó su madre a este espadachín de 26 años le dio el miércoles a Venezuela su primera medalla olímpica de oro en 44 años.

Limardo, oriundo del estado de Bolívar, derrotó 15-10 al noruego Bartosz Piasecki en la final de espada individual en los Juegos de Londres. Se trató de apenas del segundo oro olímpico de Venezuela en toda su historia.

"Vine a buscar la medalla de oro, esto es algo que quería desde niño, me lo tracé como meta y ahora lo celebro junto a toda Venezuela", comentó el esgrimista. "Este era mi objetivo y finalmente lo he logrado".

El otro oro olímpico de Venezuela lo ganó el boxeador Francisco "Morochito" Rodríguez en el peso ligero mosca en los Juegos de México en 1968.

"Hoy demostré que el pueblo venezolano puede lograr grandes cosas", señaló. "Estoy muy contento por haber ganado y compartir mi victoria con ellos. Estoy orgulloso de ser venezolano, y especialmente de ser del estado de Bolívar".

Limardo dedicó la medalla de oro a su madre, Noris Gazcón, quien murió de cáncer hace dos años y fue la responsable de orientar a Rubén en el deporte de la esgrima.

"Mi madre fundó la esgrima en el estado de Bolívar de donde yo soy. Esta medalla es para ella, para el pueblo venezolano y para el presidente (Hugo) Chávez por todo el apoyo que le ha dado al deporte", agregó el atleta.

¿Recibe algún premio especial del gobierno por llevar el primer oro en 44 años a su patria?

"Espero que el presidente se ponga en eso", bromeó Limardo.

Chávez habló con Limardo por teléfono y le dijo que se sentía "muy feliz" por su victoria.

"Muchacho, hijo de esta patria, hijo de esta vida", expresó Chávez al festejar en cadena de radio y televisión un triunfo que consideró un "honor a toda la patria".

"Usted está haciendo un excelente trabajo metiéndole la mano al deporte", agregó.

La abuela de Limardo estuvo presente en el combate y no pudo esconder su felicidad, ni sus lágrimas, al ver a su nieto hacer historia.

"Esto me llena de felicidad, sé que mi hija desde el cielo estaba presente siguiendo este combate. No hay palabras para describir la alegría que siento en estos momentos", dijo Carmen Carreño de Gazcón.