Los medios británicos subrayan hoy la simpatía que despertó el escocés Andy Murray entre los espectadores al romper a llorar en la central de Wimbledon tras caer derrotado en la final por un "genio", el siete veces ganador del torneo Roger Federer.

"Cualquiera que no guarde algo de simpatía por Murray tras la derrota a manos de Federer en esta apasionante final de Wimbledon es que no reconoce el genio", afirma el diario "The Guardian".

El rotativo británico describió a Murray como "un gran jugador", si bien "no tan bueno como para derrotar a un Federer, que inició el encuentro vacilante con el techo descubierto, pero que se encendió después, bajo la cubierta", para terminar ganando por 4-6, 7-5, 6-3, 6-4.

"Difícilmente alguien podría haber ganado a un Federer en tan buena forma: no lo hizo el serbio Novak Djokovic, a quien el suizo derrotó con maestría en las semifinales y a quien desplazó del número uno del mundo, y seguramente tampoco habría podido hacerlo el estadounidense Pete Sampras", uno de los ídolos deportivos de Federer, analiza el diario.

El suizo no solo logró en la central de Wimbledon igualar a Sampras como el tenista que más veces ha ganado en Londres, sino que alcanzó asimismo el récord de 286 semanas como número uno, que previsiblemente superará en los próximos días.

"La muerte de un sueño", titula el diario "The Independent" sobre la caída de Murray en su primera final de Wimbledon, un torneo que no gana un británico desde 1936, cuando lo logró el inglés Fred Perry.

El diario recuerda las palabras que pronunció el escocés en 2010, tras perder la final de Australia también contra Federer y romper igualmente a llorar: "Derramo lágrimas igual que Roger, es una lástima que no pueda jugar como él", señaló el escocés en aquella ocasión.

"Murray puede estar orgulloso", afirma por su parte el sensacionalista "The Sun", que recalca que el cuarto tenista del mundo "continúa prometiendo que ganará un Grand Slam".

"La pista central se convirtió en una cascada de lágrimas cuando Murray echó a llorar. Con él lloraron tanto su madre como su novia, desde la grada, y la mayoría de los espectadores", describe el tabloide, para el que el escocés "puede mantener la cabeza bien alta" tras convertirse en el primer británico que alcanza una final de Wimbledon desde 1938.