La Vuelta a España presenta un quebrado recorrido con nada menos que veintiocho ascensiones a puertos catalogados, como mínimo, de segunda categoría que hacen que no se eche en falta casi nada.

Lo más llamativo es la ausencia del paso de los ciclistas por los Pirineos (norte), pero casi nadie, al menos entre los escaladores, puede decir que en los casi 3.300 kilómetros de su recorrido falte dureza para poder romper la carrera y para que los aspirantes al triunfo obtengan las rentas necesarias para vestir de rojo en Madrid.

La presencia del final en Sierra Nevada (sur) en la cuarta etapa obligará a los ciclistas a llegar con el punto de forma especialmente afinado, pero con mesura y sin exceso, porque el descanso apenas existirá en las once últimas jornadas, todas ellas posteriores a la única contrarreloj individual de esta edición que tendrá lugar en Salamanca (centro, décima etapa) con 47 kilómetros.

A la llegada en alto en la estación invernal más meridional de Europa se unirán a lo largo de las veintiuna jornadas otros cinco no menos exigentes como las de La Covatilla (etapa 9), Estación de Montaña de Manzaneda (11), La Farrapona-Lagos de Somiedo (14), Alto de L'Angliru (15) y Peña Cabarga (16).

Otros finales, más propios de las grandes clásicas valonas y holandesas como Flecha o Amstel Gold Race, serán los que se podrán vivir en Valdepeñas de Jaén (5) y San Lorenzo del Escorial (8) con rampas en ambos casos dentro del último kilómetro por encima del 20%.

Además vuelve a hacer acto de presencia el siempre temido Angliru (norte), a pesar de que será tan solo la quinta vez que la Vuelta acceda a sus temidas rampas como "Cueña les Cabres" con un 23,5% de desnivel que continúan con varias más por encima del 20%.

Y por si eso fuera poco, tan solo nueve kilómetros antes de afrontarlo, los aspirantes al jersey rojo coronarán El Cordal, un puerto corto de solo 5,3 kilómetros pero temido por sus rampas y odiado en el caso de que la lluvia haga acto de presencia en su descenso.

Previamente se habrán vivido otras dos jornadas que apuntan a dejar un sello propio en la historia de la carrera. Primero el inédito paso por Los Ancares lucenses (noroeste) con las ascensiones encadenadas a dos primeras, el Folgueiras de Aigas y Los Ancares, con final en Ponferrada. Al día siguiente la llegada al también primerizo La Farrapona-Lagos de Somiedo con paso previo por el vertical San Lorenzo con cinco kilómetros a una media del 11%.

Como colofón final y tal vez como homenaje a los treinta y tres años de soslayar el paso por las carreteras del País Vasco (norte), al margen de algunos kilómetros testimoniales, el último puerto de la Vuelta 2011 será el mítico Urkiola.

Menos de seis kilómetros, el libro de ruta señala 5,5, con un desnivel medio del 9%, en los que se han escrito algunas de las más épicas batallas ciclistas. La página en blanco para otra nueva estará esperando a aquellos que todavía dispongan de fuerzas para intentarlo y quién sabe si para dar el golpe de gracia a la carrera.