No son filósofos ni científicos prestados por la NASA, apenas un puñado de estudiosos estrategas, jugadores con futuro y rabiosos hinchas que en el Mundial Sub'20 de Colombia han aportado al fútbol algunos granitos de ingenio, pasión, fe o buen humor.

El seleccionador de Egito, El Sayed Diaa, literalmente 'se robó' el corazón de los hinchas y los periodistas (aunque en mayor número de las periodistas) al hacer trizas todos los protocolos de las relaciones y la comunicación en torneos organizados por la FIFA.

Feliz, directo e informal, Diaa es capaz de interrumpir al interlocutor que le pregunta para saludar con voz de trueno y dar la bienvenida a alguna reportera que se suma tarde a la conferencia.

"No te conozco. No te había visto por aquí pero ¡bienvenida!", anunció el técnico a una periodista sonrojada por la inesperada manifestación pública del técnico.

Y a las carcajadas ofrecidas a cada ocurrencia suya, es capaz de multiplicarlas con otro 'conejo' que saca de su chistera invisible.

"El fútbol de Egipto llega directamente al corazón", suele afirmar con llamativa teatralidad cuando se le pregunta por la legión de seguidores que ha ido rebañando el conjunto 'faraón'.

Y si algún despistado lo escuchara podría concluir que los egipcios pasaron en Barranquilla durante la fase de grupos unas placenteras vacaciones, lejos de las canchas de entrenamiento.

"Para el partido contra Brasil me entrené en una piscina, nadando", dijo sin rubor Diaa a quien le pidió el secreto para el sufrimiento que infligieron a los sudamericanos en el 1-1 del debut.

Con filosofía el seleccionador de Austria, Andres Heraf, quiso enseñar a los muchachos que trajo del frío alpino a obrar un milagro en el calor caribeño de Colombia.

"El fútbol no sería el fútbol si siempre gana el equipo grande y nunca el pequeño", enseñó Heraf antes de su debut que se liquidó con empate sin goles con Panamá.

Para la siguiente jornada, veinticuatro antes de verse en la cancha con Brasil, se mostró cauto pero convencido de que el milagro estaba cerca. Con esa libertad se permitió advertir que el rival infundía más riesgo cuando jugaban los ausentes Neymar y Lucas.

"Estoy un poquito más feliz porque Lucas y Neymar no están", expresó. Su felicidad en el partido duró 30 minutos y a continuación Henrique, Philippe Coutinho y Willian le depararon solo tristezas.

Si "perder es como ganar un poco", según el exseleccionador colombiano Francisco Maturana, Uruguay cumplió su objetivo con creces al despedirse del mundial juvenil en la fase de grupos.

Al menos también desde la perspectiva del capitán Diego Polenta, quien el viernes anunció que se despedían con la "cabecita en alto".

"Cumplimos con el objetivo de dejar todo dentro de la cancha. Corrimos mucho y la altura nos jugó una mala pasada", puntualizó.

Perder puede sincerar a un jugador y hacerle olvidar el consejo materno, según el cual, la ropa sucia se lava en casa.

El guardameta panameño Luis 'Manotas' Mejía confesó ante una cámara de televisión, segundos después de escuchar el pitido final del partido que Brasil ganó por 4-0, que en su equipo "hay jugadores que no sienten la camiseta".

Y no paró cuando una cadena, esta de su país, le indagó por la razón de la eliminación: "Varios de los jugadores de la selección no sudaron la camiseta", enfatizó el jugador del Fénix uruguayo, quien esa noche recibió de los brasileños 21 remates a su portería.

Y por hablar de televisión como portador de esclarecedores testimonios, sus registros no son siempre los que espera la gente.

"La transmisión de televisión fue espantosa, un desastre un asco", dijo a un diario colombiano Rosana Lignarolo, responsable del acto de inauguración del Mundial, el 29 de julio en Barranquilla.

Las victorias no siempre dejan buenas sensaciones. Para el colombiano Michael Ortega, el 2-0 infligido a la selección de Malí en la segunda jornada del grupo A le dejó recuerdos nada gratos: "Salí con los tobillos hinchados. Ahora mismo llego al hotel a ponerme hielo", anunció tras el partido en Bogotá.

Y si en ocasiones las victorias exorcizan fantasmas, a veces los empates parecen multiplicarlos.

Dos brasileños que jugaron en el pasado Mundial Sub'17 de Nigeria, del que la Canarinha fue devuelto sorprendente y muy temprano a casa, pensaron que en el Mundial Sub'20 se repetiría la pesadilla tras el inesperado 1-1 con Egipto en el estreno.

"No lo voy a negar. Pensé mucho en la eliminación sufrida en Nigeria después de empatar con Egipto. Se me pasó por la cabeza, y lo hablé bastante con Casemiro que también estuvo allí", reveló Philippe, uno de los goleadores del torneo en Colombia.

El desempeño de los anfitriones, con un índice del aprovechamiento del ciento por ciento en la primera fase, ilusiona a este país de 46 millones de habitantes y ha desbordado las manifestaciones de fe en el equipo. Bueno, al menos uno puede estar en desacuerdo con semejante ambiente optimista.

"Tantos elogios a esta edad no son buenos", ha advertido con tono paternal el técnico colombiano, Eduardo Lara, cada vez que escucha los adjetivos que la prensa y los hinchas rasgan a sus jugadores.

Pero los 'hijos de Lara' están de fiesta y quieren más: "Si queremos ser campeones, toca ganarle al que sea. Por eso, no tengo preferencia por algún rival. Hay que derrotar al que venga", sentenció el goleador colombiano Luis Fernando Muriel.

La fe, además de mover montañas, también ayuda a los que juegan.

"Creo en Dios y las virtudes de mis compañeros. Sabemos que nos jugaremos todo ante Croacia y vamos a redoblar esfuerzos para ganar", anunció Henry López, el único delantero de referencia que mostró Guatemala en su primera participación mundialista.

Está claro que para López y, Dios no tuvo que ver en los once goles que encajó su selección en las dos primeras jornadas.

"Hemos podido hacer disfrutar a la gente, gracias a Dios y al apoyo recibido", reconoció el entrenador egipcio El Sayed Diaa segundos después de disfrutar de las ovaciones del público en el estadio barranquillero Roberto Meléndez.