El Mónaco jugará el año próximo en la segunda división francesa tras 35 años consecutivos en la elite, en los que se ha forjado uno de los palmarés más sólidos del país que le invitó a compartir su liga.

Siete años después de haber disputado la final de la Liga de Campeones, once después de que ganar su último campeonato francés y ocho después de haber levantado su postrera copa, el equipo del Principado concretó su descenso a los infiernos tras varios años en la cuerda floja.

El Mónaco baja a segunda pese a tener uno de los presupuestos más elevados de la primera, asentado en la inversión que grupos del Principado han prestado siempre a un club que les daba visibilidad internacional.

Su futuro parece asegurado. El príncipe Alberto aseguró que no habrá problemas para continuar en el mundo del fútbol, aunque advirtió de que "habrá que empezar desde cero", en una clara advertencia contra la mala racha de los últimos años.

Financieramente, todo apunta a que el Mónaco será el club más rico de la segunda división, para tratar de emular lo que sucedió en la temporada de 1976/1977, la última en la que perdió la categoría, aunque sólo duró un año en el segundo escalón.

Pero también es seguro que el Mónaco deberá apretarse el cinturón, porque es poco probable que lejos de la primera división pueda mantener los 47 millones de euros de presupuesto de este año.

Para ello, es imprescindible que se deshaga de algunos de sus jugadores y el cartel de "en venta" ya lo lucen algunos de los que mejor temporada han hecho.

El portero Stéphane Ruffier, que a sus 24 años tiene contrato hasta 2013, puede partir por unos 8 millones de euros, según algunos medios, mientras que el surcoreano Park Chu-young, está valorado en unos 6 millones.

Otros jugadores, más jóvenes y prometedores, como el camerunés Nkoulou, engrosarían más las arcas de la formación, pero le privarían de uno de sus principales activos para lograr el ascenso.

En el banquillo todo apunta a que no habrá cambios y que Laurent Banide seguirá al frente del equipo. Privado de estrellas, el técnico deberá apoyarse en la cantera, uno de los activos de un club que acaba de ganar la Copa Gambardella, un trofeo reservado a los menores de 18 años.

Para completarlo, los gerentes de la entidad están sondeando la posibilidad de que lleguen nuevos inversores.

Dos grupos extranjeros con sede social en el Principado han expresado su disposición a contribuir financieramente con la entidad, aunque la entrada de nuevos inversores siempre es complicada porque el Palacio siempre conserva la mitad del capital y todo el margen operativo.

Atrás quedará la época reciente de gloria, los siete títulos de campeón de Francia, las cinco Copas de Francia y la Copa de la Liga de 2003, el último trofeo que ha entrado en sus vitrinas.

Y el recuerdo de un equipo que con Didier Deschamps en el banquillo y liderado en el terreno de juego por Fernando Morientes, alcanzó la final de la Liga de Campeones contra todo pronóstico.

Allí se estrelló contra otra sorpresa, el Oporto de José Mourinho, que se alzó con el título.

Fue la cumbre de un equipo que, desde entonces, entró en decadencia.

Ese año acabó tercero de la liga, al igual que el siguiente y todo parecía ir por la buena senda.

Pero desde entonces no ha dejado de estar en la parte media de la tabla, sin brillo, mirando más al descenso que a la parte alta.

Hasta que este año se consumó el drama del Principado, rubricado con una derrota en el última jornada contra el Lyon, dirigido por Claude Puel, el hombre que llevó al Mónaco a su último título de liga en 2000.

Luis Miguel Pascual