Rafael Correa aspira a cimentar una década como presidente de Ecuador en las elecciones del próximo 17 de febrero frente a una oposición atomizada que le acusa de acumular un poder excesivo.

Correa llegó al poder tras las elecciones de 2006 al frente del Movimiento Alianza País (AP), aupado por fuerzas sociales y grupos de izquierda.

Siete años después, busca la reelección con el mismo grupo político pero sin todos los apoyos iniciales.

Aunque se han separado de AP grupos de indígenas y representantes de algunos sectores sociales de izquierda, el movimiento encara las elecciones con un equipo político y de comunicación más estructurado y una base muy sólida de respaldo popular labrado en los últimos seis años de gobierno.

A su haber tiene, entre otros, la inversión en infraestructura, educación y salud, y en contra algunos casos de corrupción aún latentes que han salpicado a cercanos al régimen y familiares del gobernante.

Correa es el líder claro de la campaña, con una ventaja de entre 38 y 53 puntos porcentuales, dependiendo de la encuesta, sobre su inmediato seguidor, el exbanquero Guillermo Lasso, un margen que, de mantenerse, le daría la victoria en la primera vuelta.

Para no ir a una segunda ronda, Correa necesita al menos la mitad de los votos válidos más uno, es decir sin incluir ni nulos ni blancos, o contar con más de un 40 % de los sufragios y una diferencia de al menos 10 puntos porcentuales con respecto al segundo candidato.

Sus siete contrincantes, algunos de ellos caras nuevas en el campo electoral, no sólo pugnan por quitarle el sillón presidencial, sino por evitar que controle el Legislativo.

Su principal línea de ataque en la campaña ha sido acusarle de injerencia en otros poderes del Estado, en particular el Judicial, algo que el gobernante rechaza.

Alianza País ha sabido aprovechar el fuerte peso de la imagen de Correa en la política local y es él mismo el que promueve en los mítines el voto "en plancha" para todos los candidatos del movimiento, pues votar por la lista de Alianza País es votar por Correa, según sus palabras.

Con menos reconocimiento popular y bajo el estigma de haber sido banquero en un país que tiene vivo el recuerdo de la crisis financiera de 1999, Lasso, del movimiento Creo, llega a la contienda electoral con un escaso pasado en arenas públicas, al haber sido brevemente gobernador y ministro en gobiernos anteriores.

En la lid también está el líder de Sociedad Patriótica, el expresidente Lucio Gutiérrez, que se dio a conocer por haber respaldado a los indígenas en la revuelta que destituyó a Jamil Mahuad del poder. Posteriormente él mismo fue derrocado.

Alberto Acosta, disidente del actual Gobierno, lidera grupos de izquierda desencantados con Correa y busca por primera vez la Presidencia.

Mientras, el magnate bananero Álvaro Noboa, del Partido Renovación Institucional Acción Nacional, intentará por quinta vez llegar al Palacio de Carondelet, aunque en esta ocasión con pocas opciones, según sondeos.

Conocido por su paso por la Asamblea Nacional Constituyente que reformó la Carga Magna y por su labor como concejal de Quito, Norman Wray, del movimiento Ruptura, otro exaliado de Correa, va también por la Presidencia.

El partido Roldosista Ecuatoriano (PRE), del líder populista Abdalá Bucaram, terciará en los comicios con el pastor evangélico Nélson Zavala, poco conocido en el ámbito político pero polémico por sus comentarios contra los homosexuales.

El más joven de todos los candidatos es Mauricio Rodas, de 37 años, un doctor en jurisprudencia que se dio a conocer años atrás por un pulso que mantuvo con el régimen respecto a indicadores de pobreza.

Correa llega así a los comicios del día 17 con una posición de fuerza, frente a una oposición atomizada donde unos dicen representar a la izquierda y quienes están cercanos a la derecha prefieren definirse como de centro.

De vencer en las urnas, Correa gobernará hasta 2017, cuando se retirará de la vida pública, según ha dicho, tras haber dejado una marca en la historia del país.