La Unión Europea (UE) logró ponerse hoy de acuerdo sobre el presupuesto para el periodo 2014-2020 y, después de una casi ininterrumpida negociación de cerca de 28 horas, sus líderes dieron el visto bueno a unas cuentas modestas y que han buscado satisfacer razonablemente a todos ellos.

"Quizás sea un acuerdo imperfecto para todos... Es un presupuesto modesto, pero no podemos permitirnos olvidar las circunstancias de muchos europeos", afirmó el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, al término de la maratoniana y compleja negociación.

Los Jefes de Estado y de Gobierno de la UE acordaron por unanimidad unas cuentas que hasta el fin de la década ascenderán a 959.990 millones de euros para los compromisos y 908.400 millones como techo de pagos, y en las que las mayores partidas corresponden a las políticas de cohesión y agricultura.

Además, se incluye una nueva herramienta para la lucha contra el desempleo juvenil, que contará con 6.000 millones de euros.

Se aplican importantes recortes a infraestructuras (transporte, energía y telecomunicaciones), y en menor medida a competitividad, ciudadanía, exteriores y desarrollo, y administración, al tiempo que se aumentan los recursos para programas educativos como las becas "Erasmus for all" y los de investigación.

Por primera vez en la historia de la UE se producirá un recorte del marco financiero con respecto al periodo anterior, una reducción que se traducirá en 34.000 millones de euros menos que en el periodo 2007-2013, algo que no le gusta al Parlamento Europeo (PE), con el que los Gobiernos tendrán que negociar y que desde hace meses avisa del veto.

Ese profundo recorte era uno de los puntos que el primer ministro británico, David Cameron, consideraba imprescindible para dar su visto bueno a un acuerdo, que para algunos de sus colegas no es bueno, pero que a él le ha servido de victoria política en su complicada relación con Bruselas y de cara a su electorado.

"El límite de la tarjeta de crédito de la UE era demasiado alto. Hemos puesto el límite más bajo de forma que el futuro gasto se haga de manera más adecuada", dijo Cameron al término de la cumbre.

Con más moderación explicó las cuentas logradas el presidente de Francia, François Hollande, quien defendió que "el acuerdo es un buen compromiso en las circunstancias en las que estamos".

Consideró que el pacto supone un equilibrio aceptable entre su postura y la defendida, en el otro extremo, por David Cameron.

"El acuerdo no responde a todo lo que habríamos querido, pero sí a los compromisos que yo había hecho ante el Parlamento Europeo y ante los franceses", aseguró Hollande.

Para la canciller de Alemania, Angela Merkel, el resultado "es bueno porque se centra en tres ejes: más crecimiento, empleo y competitividad, es decir invierte en el futuro. Los techos de compromisos y pagos se ajustan a los esfuerzos de consolidación y es justo para los contribuyentes netos".

Por su parte, el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, consideró que el acuerdo es bueno para España y responde a sus expectativas, ya que permitirá que el país siga siendo beneficiario neto e, incluso, mejore el porcentaje anterior al pasar a recibir un 0,20 por ciento de su PIB frente al 0,15 del presupuesto actual.

Una vez superado el trámite del visto bueno de los Veintisiete, el texto queda en manos de la Eurocámara, con la que se presenta una nueva y compleja etapa ya que los Gobiernos tendrán que convencer a los eurodiputados de la calidad del acuerdo.

Apenas terminada la cumbre, los cuatro partidos mayoritarios del Parlamento Europeo (conservadores, liberales, socialistas y verdes) advirtieron que no aceptan el acuerdo por "deficitario", y señalaron a los Veintisiete que "las negociaciones reales van a comenzar ahora".

También recalcaron que mantienen sus "prioridades" de que los presupuestos tienen que "promover el crecimiento y la inversión en la UE" y permitir la recuperación económica de los Veintisiete.

De no lograrse el visto bueno del Parlamento, que adelantó que celebrará el voto sobre el marco presupuestario en secreto para permitir a los eurodiputados que eludan las presiones de los países, la UE deberá recurrir a presupuestos negociados anualmente.

El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, reconoció que el acuerdo "no es perfecto", pero consideró que ofrece una "buena base" de negociación con el PE.

En un intento por tender la mano a los eurodiputados, los Veintisiete incluyeron en el acuerdo una cláusula de flexibilidad para permitir a las instituciones hacer frente a sus facturas y otra para que las cifras se revisen en dos años.

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Elena Moreno