Mantener el flujo del crédito, aumentar los salarios de los pobres y lograr una mejor distribución de la riqueza son algunos secretos de la "receta" del expresidente brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva contra la crisis, que también contiene otros "ingredientes", según explicó hoy en Santo Domingo.

El exgobernante, invitado a dar una conferencia sobre "Empleo y Desarrollo como salida a la crisis", ofreció algunas de las claves de su éxito político, incluida la confesión de que pasó de ser un crítico de la sociedad de consumo a hacer apología del mismo cuando la crisis mundial se endureció.

Y contó que llegó a salir en televisión durante ocho minutos para animar a la gente a comprar, eso si, con responsabilidad y sin endeudarse en exceso.

Por eso su Gobierno incentivó los créditos para pequeños negocios y para la compra de automóviles, porque una de las cosas que más gusta a cualquier brasileño es tener su propio coche: "si luego no hay dinero para gasolina, no importa; el dueño es capaz de ponerse atrás del vehículo con su familia para empujarlo", bromeó.

Pero lo cierto es que "hoy Brasil rompe todos los récords en ventas de automóviles", subrayó.

Lula, quien se definió a si mismo como el primer obrero que llegó a la presidencia de Brasil, desgranó algunas razones del éxito de la economía brasileña, que, con una tasa de desempleo del 4,5 %, se ha situado como la sexta del mundo, dijo.

Y todo ello con políticas anticíclicas que fomentaron las inversiones, alejándose de "la receta de Alemania", apostilló.

La gran prioridad de Lula era "erradicar el hambre" y eso era tan importante para él que llegó a negarle apoyo al presidente estadounidense Georges Bush, "obsesionado en su guerra contra Irak".

A Bush le dijo: "mi guerra no es contra Irak, mi guerra es contra la pobreza de mi país".

Otras vertientes de su gestión económica fueron la creación de un Consejo Económico y Social, un sistema bancario fuertemente regulado, que combina la banca pública y privada y, en el exterior, la decisión de dejar de mirar solo a Estados Unidos y a Europa y buscar aliados en países cercanos.

"Decidimos darle nuevo vigor al Mercosur... cambiamos la lógica" existente, sentenció.

Y así, el flujo comercial de Brasil pasó entre 2003 y 2012 de 107.000 millones de dólares a 482.000 millones y el del Mercosur, bloque formado por Argentina, Brasil, Uruguay y Venezuela como observador (Paraguay está actualmente suspendido) creció desde 1991 de 4.000 a 50.000 millones.

África y Oriente Medio se convirtieron en nuevos polos de las relaciones comerciales de Brasil.

"Visité 33 países africanos: más que todos los presidentes brasileños en los últimos 500 años", proclamó el antiguo dirigente sindical.

Lula trabajó para extender por el continente esta nueva visión de las relaciones exteriores y por incentivar la economía de los países vecinos, porque ello es beneficioso también para la brasileña, dijo.

Por eso reveló que a los mandatarios mexicanos (Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto) les ha reiterado que la integración de Latinoamérica solo se conseguirá cuando su país "deje de mirar tanto al norte y mire un poco al sur" y se una a Brasil, de modo que esas dos economías, las principales de la región, "puedan contribuir juntas al desarrollo del continente".