Dos personalidades aparentemente irreconciliables, pero con puntos en común, compiten en las elecciones presidenciales checas que se celebran el viernes y el sábado, y que enfrentan al ex primer ministro socialdemócrata Milos Zeman y al príncipe Karel Schwarzenberg.

Ambos comparten una visión europeísta, son considerados honestos e independientes, y fueron disidentes del régimen comunista, Schwarzenberg en el exilio, y Zeman expulsado del partido por criticar el aplastamiento de la Primavera de Praga en 1968.

Zeman, sin embargo, cuenta con una visión más chovinista de la historia del país, mientras que Schwarzenberg abandera la herencia intelectual de ciudadano de Europa del primer presidente checoslovaco democrático, el legendario Vaclav Havel.

El ex primer ministro lidera las encuestas para reemplazar en el cargo al euroescéptico Vaclav Klaus, cuyo segundo y último mandato de cinco años expira en marzo.

En los años 60 Zeman militó en el Partido Comunista de la entonces Checoslovaquia, del que fue expulsado por criticar la invasión soviética del país en 1968, que acabó la experiencia liberalizadora de la "Primavera de Praga".

Como jefe de Gobierno entre 1998 y 2002, estuvo asociado a momentos de gran auge económico y negoció gran parte del acceso a la Unión Europea (UE).

Tras dejar la dirección del partido y, un año después, la jefatura del Gobierno, trató de coronar su carrera política buscando la elección como jefe del Estado.

Pero sus criticas a la cúpula del partido socialdemócrata le hicieron fracasar en ese primer asalto a la presidencia, en el año 2003, por falta de apoyo entre sus correligionarios.

A partir de ahí se recluyó en su casa de campo y rompió lazos definitivamente con la socialdemocracia oficial, hasta que en 2009 reapareció liderando una pequeña formación, el Partido de los Derechos de los Ciudadanos (SPOZ), que a punto estuvo, en las legislativas de 2010, de hacerse un hueco en la Cámara baja.

Durante sus años fuera de la política, Zeman se dedicó a escribir sus memorias, ajustar cuentas con sus colegas de partido -de los que se sintió traicionado-, y a comentar la realidad política, a veces de forma demoledora y mordaz.

Zeman está casado por segunda vez y tiene dos hijos de cada uno de sus matrimonios.

Por su parte, Schwarzenberg, cuyo nombre completo es Karl Johannes Nepomuk Joseph Norbert Friedrich Antonius Wratislaw Menas y Príncipe de Schwarzenberg, es actualmente jefe de la diplomacia checa y presidente de la tercera fuerza parlamentaria, el partido TOP 09, de centro derecha.

Este hombre, reconocible por su pajarita y nacido en una de las familias aristocráticas más poderosas de centroeuropa, fue en la década de los 80 presidente del Comité Internacional de Helsinki para los Derechos Humanos.

Su compromiso le valió en 1989, junto al mítico líder sindical polaco Lech Walesa, el premio de los Derechos Humanos del Consejo de Europa.

Schwarzenberg, de 75 años, es el que tiene la mejor imagen en el extranjero, donde ha desarrollado una incansable actividad en Oriente Medio, Asia Central y fortaleciendo los vínculos con EE.UU.

Muchos intelectuales de relieve han dado su apoyo públicamente al aristócrata, que estuvo exiliado desde su juventud en Alemania y Austria, donde contrajo matrimonio con la noble vienesa Therese von Hardegg.

Volvió a su tierra natal tras la "revolución de terciopelo", donde se convirtió en canciller de la Oficina del Presidente, bajo las órdenes de Havel.

Pudo recuperar el patrimonio de la rama de Orlik de los Schwarzenberg, ya que no se vio afectada por los decretos de expropiación de la otra rama checa, la de Cesky Krumlov afecta a los nazis, y a la que se le incautó todo por medio de la "lex Schwarzenberg" de 1947.

A pesar de su edad, el "príncipe", como lo llaman en la República Checa, cuenta también con el apoyo de muchos jóvenes, a pesar de estar a favor de imponer los gastos de matrícula a los universitarios.

Tiene la desventaja de los años y cierta dificultad en el hablar que le hace algo difícil de entender tanto en checo como en alemán.

Su mujer Therese, con la que se volvió a casar recientemente después de haber estado divorciados casi veinte años, afirma que es un "homo politicus", incapaz de alejarse de la cosa pública.