El presidente de EE.UU., Barack Obama, salió hoy al paso de las críticas que le sitúan como un político aislado y "poco sociable" y, en rueda de prensa, se definió a sí mismo como "un tipo bastante amigable", a quien le gusta "una buena fiesta".

Obama respondió así a la pregunta de una periodista sobre su fama de ser alguien rodeado por un estrecho círculo de personas de confianza y poco abierto al trato con terceros, lo que podría suponerle dificultades a la hora de negociar, por ejemplo, con legisladores republicanos.

"La gente que me conoce sabe que soy un tipo bastante amigable y que me gusta una buena fiesta", señaló Obama, quien recordó su época de senador, en la que mantenía "muy buenas relaciones" con el resto de legisladores y aseguró que, antes de ser presidente, "pocas acusaciones se oían de que era poco sociable".

"Creo que la parálisis que se ha vivido en Washington y las dificultades en las negociaciones tienen que ver más bien con las diferencias muy acusadas en cuanto a nuestras políticas", indicó el presidente estadounidense, en referencia a los largos debates con los republicanos, como por ejemplo, con respecto al abismo fiscal.

"Personalmente, me gusta el portavoz Boehner, líder de los republicanos en la Cámara de Representantes y uno de los principales actores de su partido durante la negociación del pacto fiscal, y cuando nos íbamos juntos a jugar al golf, pasábamos un buen rato, pero eso no ayudó a que alcanzásemos un acuerdo", señaló.

Obama insistió en la brecha ideológica como justificación de las dificultades en las negociaciones y explicó cómo, en ocasiones, recibe a senadores junto a sus familiares en la Casa Blanca, con quienes pasa un "rato maravilloso", pero luego ellos no dudan en acusarle de ser un "socialista despilfarrador".

"Las relaciones personales son importantes, pero mi cometido es solucionar las cuestiones vitales como el debate sobre las armas o la deuda", concluyó el mandatario estadounidense.