Si la transición política ha sido la principal asignatura de los egipcios desde la caída del presidente Hosni Mubarak, los preocupantes números en economía han hecho de esta materia el otro gran reto pendiente para el Gobierno islamista.

Dos años después de que los revolucionarios llevaran a las calles sus demandas en forma de lemas como el recurrente "pan, libertad y justicia social", la ansiada mejora económica ha quedado postergada en medio de continuas señales de alarma.

La brusca caída a mínimos históricos del valor de la moneda local respecto al dólar, que se vende a unas 6,5 libras egipcias (casi un 8 % más que hace dos semanas), ha llevado a muchos egipcios a cambiar sus ahorros a dólares por miedo a una mayor devaluación.

Eso explica que hasta hace unos días fuera una misión casi imposible encontrar el codiciado billete verde en el país, donde se ha restringido su venta.

En una casa de cambio del barrio cairota de Zamalek, el empleado Ahmed Abdelsalam no oculta su pesimismo tras una inmensa ventanilla de cristal.

"La libra no deja de bajar y no veo ningún indicio de que vaya a subir. Hemos tenido escasez de dólares por momentos porque la gente no para de comprarlos", asegura a Efe Abdelsalam, para quien "nadie puede hacer nada para arreglar la situación".

Estos locales han comenzado ya a aplicar una comisión de un 1 % a la venta de moneda extranjera, de acuerdo con las instrucciones del Banco Central Egipcio, cuyo gobernador, Faruq al Oqda, anunció ayer su dimisión y será sustituido por el hasta ahora director del Banco Internacional Comercial, Hisham Ramiz.

Además, se ha limitado la retirada de dólares e introducido un sistema de subastas para la banca.

Con las reservas internacionales en un nivel "crítico", después de que el órgano supervisor inyectase unos 21.000 millones de dólares al sistema en dos años, la libra egipcia sigue sin tocar fondo, lo que a la larga puede disparar la inflación, que fue del 7,5 % anual en 2012.

Nada más salir de una casa de cambio, Ahmed Mahmud, que trabaja en la exportación de productos a los Emiratos Árabes Unidos, comenta, mientras mira el precio de unos pantalones en un escaparate, que "hay mucha volatilidad en los precios y la situación es delicada".

Poco parecen tranquilizarle las palabras del Gobierno, que niega que la economía egipcia esté en quiebra, pese al descenso del turismo y otros sectores, y mira al exterior para pedir auxilio.

Esta misma semana, Catar ha elevado a 5.000 millones de dólares su ayuda a Egipto (consistente en un depósito de 4.000 millones y una donación de 1.000 millones) y las autoridades egipcias han retomado las conversaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre un préstamo de 4.800 millones.

El portavoz económico del gobernante Partido Libertad y Justicia (brazo político de los Hermanos Musulmanes), Mohamed Guda, afirma a Efe que apenas faltan unas "medidas rutinarias" para la firma del acuerdo.

El principal obstáculo, sostiene el dirigente de esta formación, es la polémica reforma fiscal y de los subsidios, una petición del FMI que quedó en suspenso el mes pasado debido a la convulsión desatada por el referéndum constitucional.

Tras la resistencia inicial, el gobierno del presidente egipcio, Mohamed Mursi, se resiste a desgranar su nueva propuesta, con la que pretende reducir el abultado déficit presupuestario y eliminar los subsidios a los combustibles y otros productos básicos para los más ricos, mejorando su alcance entre los más pobres.

"El futuro de la libra egipcia dependerá en gran parte de la aprobación del préstamo del FMI, que puede animar a otros países a facilitar dinero a Egipto", sostiene Magdi Sobhi, investigador del Centro Al Ahram de Estudios Políticos y Estratégicos.

En su opinión, la inestabilidad política -con una oposición lista a manifestarse y unas elecciones parlamentarias previstas para los próximos meses- pone difícil al Ejecutivo la puesta en marcha de medidas impopulares como la subida de impuestos.

Pero el tiempo se agota para el Gobierno del primer ministro, Hisham Qandil, que esta semana acometió una remodelación con diez nuevos ministros, entre ellos el de Finanzas, Mursi Higazi.

Este profesor universitario cercano a las tesis económicas de los islamistas es demasiado "académico" para un país que, según Sobhi, requiere un ministro de perfil político en esta época de crisis.

Y mientras el chaparrón arrecia, la bolsa egipcia se apunta en las últimas semanas algunas ganancias, esperando -según los expertos- que después de la tormenta llegue la calma.