El obispo español Pedro Casaldáliga ha regresado a su casa en la aldea de Sao Félix do Araguaia, en el interior de Brasil, pese a que "el clima de amenazas" que le obligó a abandonarla el año pasado aún persiste, dijeron hoy a Efe fuentes de una organización indigenista.

"Hay tensión y el clima de amenazas continúa, pero la policía está atenta", señaló un portavoz del Consejo Indigenista Misionero (CIMI), una organización vinculada al Episcopado brasileño, que aclaró que el religioso no cuenta con protección especial.

Explicó que Casaldáliga, de 84 años y enfermo de alzheimer, "está tranquilo", en buen estado y que regresó a Sao Félix do Araguaia el pasado 29 de diciembre, tras haber pasado casi un mes refugiado en casa de amigos, en un lugar no precisado y distante unos 1.000 kilómetros de esa aldea.

El obispo decidió abandonar su domicilio después de que las amenazas que recibe desde hace años por su compromiso con los indios de la zona recrudecieron durante el pasado noviembre.

Esas nuevas amenazas siguieron a la decisión de un tribunal que falló en favor de los indios Xavante en un proceso por la propiedad de unas tierras cercanas a Sao Félix do Araguaia iniciado por unos hacendados de la zona.

Los Xavante han contado desde hace más de dos décadas con el apoyo y solidaridad de Casaldáliga, quien llegó en 1968 a ese remoto rincón del estado de Mato Grosso, en el que reside desde entonces.

El pasado 17 de diciembre, la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, le otorgó al obispo español una condecoración especial por su labor en favor de los derechos humanos, que se unió a decenas de reconocimientos similares y que no pudo recibir personalmente debido que se encontraba escondido y bajo protección policial.

Casadáliga, nacido en Cataluña (noreste de España), llegó a la Amazonía brasileña en 1968, tras haber pasado siete años como misionero en Guinea Ecuatorial.

En Mato Grosso abrazó la Teología de la Liberación, una corriente nacida en los movimientos de base de la Iglesia católica de Brasil, que luego se expandió por el resto de América Latina y fue condenada por el Vaticano, que identificaba ciertos principios "marxistas" en sus postulados.