El Reino Unido destapó en 1982 una trama del coronel libio Muamar el Gadafi para facilitar armas a la junta militar argentina en plena guerra de las Malvinas, según revelan documentos históricos británicos desclasificados hoy.

Estos textos, que salen a la luz al cumplirse el periodo obligatorio de 30 años de confidencialidad, indican que un diplomático británico del Ejército del aire descubrió el complot, que tenía su base en Brasil.

Los documentos, conservados en el Archivo Nacional, relatan que este agente se dio cuenta de que los argentinos estaban usando el aeropuerto de Recife en Brasil como escala para el suministro de armas desde Libia a la vecina Argentina.

Este "air attaché" consiguió que un contacto suyo en el aeropuerto embarcara en uno de los vuelos Boeing 707 de Aerolíneas Argentinas, donde fue testigo de seis largas cajas de madera en las que supuestamente se transportaban misiles.

El 31 de mayo de 1982 -en plena guerra de las Malvinas, que transcurrió del 2 de abril al 14 de junio de 1982-, el embajador del Reino Unido en Brasilia, George Harding, escribió al ministerio británico de Exteriores para explicar lo sucedido.

El agregado militar del Ejército del aire observó al acercarse a un avión argentino que "la tripulación estaba muy nerviosa, y se veían guardas de seguridad armados", cuenta el embajador.

"La fuente (que se infiltró) es la única persona a la que se ha permitido embarcar, lo que refleja tanto su posición privilegiada como su vulnerabilidad", continua el diplomático.

El agregado del Ejército del Aire escribió por su parte que había visto cómo "el capitán del avión y dos miembros de su tripulación hablaban con el cónsul argentino", mientras otras tres personas guardaban el avión "con armas".

El Foreign Office descartó que las cajas ocultaran los temidos misiles Exocet que habían causado estragos en las filas del Reino Unido, pero pidió que se detuviera el suministro.

Harding desaconsejó un ataque directo contra Brasil, aun sabiendo que había "connivencia de algunas autoridades brasileñas", ya que ello "sería difícil a nivel operativo" y tendría graves "consecuencias políticas".

El Foreign Office descartó posteriormente esa "acción directa" en territorio brasileño o contra aviones en vuelo y finalmente se optó por hacer que el propio Gobierno brasileño tuviera que detener los vuelos filtrando información sobre estos mediante un tercer país, señalan los documentos oficiales divulgados hoy.

Estos documentos arrojan luz también sobre otros aspectos de la guerra británico-argentina, al revelar, por ejemplo, que el entonces presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, intentó hasta el último momento convencer a la primera ministra británica Margaret Thatcher de cesar en su empeño de recapturar el archipiélago.

Reagan, que tenía un gabinete dividido al respecto y sus propios intereses en la región, quería que Thatcher aceptara la propuesta de entregar las islas, que había invadido la junta militar argentina, a una fuerza de paz internacional.

En una llamada telefónica a las 23.30 h del 31 de mayo de 1982, le pidió que no humillara a los argentinos con una derrota total, a lo que la "dama de hierro" contestó que no había enviado una misión militar desde el otro lado del globo para "entregar las islas de la Reina a un grupo de contacto".

"La mejor opción para la paz es antes de la humillación total argentina. Como el Reino Unido tiene ahora la última palabra militarmente, debería forjar un acuerdo ya", arguyó Reagan.

Thatcher insistió en que el Reino Unido, inmerso en la batalla por Puerto Stanley -la capital malvinense-, no podía contemplar un alto el fuego sin rendición argentina.

La "premier" argumentó que el presidente estadounidense habría hecho lo mismo "si Alaska hubiera sido amenazada".

Con todo, Estados Unidos acabó apoyando al Reino Unido con armas y permitiéndole utilizar la base de la isla Ascensión.

Pese a la pérdida de 255 militares británicos -frente a 649 argentinos y tres isleños-, el embajador del Reino Unido en Estados Unidos, Nicholas Henderson, consideró tras la guerra que esta había valido la pena, ya que había restablecido la reputación de su país como una potencia militar.