El líder de la coalición gubernamental de Rumanía Unión Social Liberal (USL), Victor Ponta, fue hoy investido primer ministro de su país al lograr el apoyo mayoritario del Parlamento y después de comprometerse a modificar la Constitución.

Un total de 402 parlamentarios votó a favor del nombramiento de Ponta, frente a 120 que lo hizo en contra, en una sesión televisada en directo.

"Os pido colaboración para una nueva Constitución, que muestre la capacidad de modernización de Rumanía, evite los conflictos constitucionales y consiga que nada dependa de la voluntad de una sola persona sino de las reglas aceptadas por todos", señaló el flamante primer ministro.

"Todos los miembros del Gobierno que he propuesto son personas que creen sinceramente que el futuro de Rumanía pasa por uno europeo", precisó Ponta en una alusión a su confrontación con Bruselas tras el infructuoso intento de despedir al presidente rumano, el conservador Traian Basescu.

Tras su abrumadora victoria del 9 de diciembre en las elecciones legislativas, salieron a la palestra las especulaciones de un posible retroceso en las conversaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para sellar un préstamo preventivo a mediados de enero de 2013.

"Quiero anunciar el respeto y la continuación de las relaciones con las instituciones financieras internacionales. No todo lo que nos proponen resulta perfecto, pero tenemos la obligación de negociar. Es importante que alcancemos un acuerdo con el FMI puesto que Rumanía se encuentra en una Unión Europea en plena tormenta", explicó.

Ponta deberá lidiar con la ineficacia de la administración para absorber los fondos europeos, golpeada por la lacra de la corrupción, y la incertidumbre de la crisis de la zona euro, que podría reducir las inversiones extranjeras en el país balcánico, imprescindibles para su crecimiento económico.

El nuevo jefe del Gabinete prometió subir el salario mínimo de los 700 lei (157 euros) a 1.200 lei (269 euros) y revertir el IVA del 24 % al 19 %.

Por su parte, Basescu rechazó asistir a la investidura amparándose en la Constitución rumana, como viene haciendo de costumbre, para justificar sus desencuentros con el primer ministro.