El conservador Partido Liberal Demócrata (PLD) se encamina a una clara victoria en las elecciones generales de mañana, domingo, en Japón, precedidas de una campaña dominada por la situación de la economía y el futuro de la energía nuclear.

Más de 104,3 millones de nipones están llamados a las urnas este domingo de forma anticipada para decidir la composición de la Cámara Baja y, por tanto, el nuevo primer ministro que llevará las riendas de la tercera economía mundial durante los próximos cuatro años.

Los dos principales candidatos, el ex primer ministro Shinzo Abe -al que las encuestas dan una sonada victoria- y el actual jefe de Gobierno, Yoshihiko Noda, dedicaron hoy el último día de campaña a la zona metropolitana de Tokio bajo una persistente lluvia.

En un discurso en el barrio tokiota de Akihabara, Noda aseguró que su Partido Democrático (PD) ya está listo "para promocionar el uso de las energías renovables", a diferencia del bloque rival, que se ha comprometido a decidir el futuro de la energía nuclear a lo largo de los próximos tres años.

Ante un centenar largo de personas congregadas frente a una de las estaciones más concurridas de la ciudad, el actual jefe de Gobierno recordó, en un discurso en el que repitió insistentemente la palabra "futuro", que su formación ha tratado de aplicar políticas para mejorar el bienestar social.

Noda, que en campaña ha recorrido 7.368 kilómetros en 18 provincias del país, celebró hoy una decena de actos como este para tratar de convencer a los millones de indecisos, que según los sondeos eran esta semana aún el 40 por ciento de los electores.

Por su parte, Shinzo Abe, prometió en un acto convocado en la provincia de Saitama, a escasos kilómetros de Tokio, que de llegar al poder potenciará el gasto público en sectores como energías limpias y ahorro energético.

También se refirió al que ha sido su soniquete de campaña: la necesidad de activar políticas agresivas para terminar con la deflación endémica que atenaza Japón y frenar la apreciación del yen, que perjudica seriamente a los exportadores nipones, un pilar que sustenta el 40 por ciento del PIB nacional.

Se espera que el PLD, que gobernó Japón durante más de medio siglo de manera casi ininterrumpida hasta 2009, obtenga en alianza con su socio Nuevo Komeito unos 300 de los 480 escaños de la Cámara Baja.

Esto supondría una mayoría absoluta, aunque no los dos tercios necesarios para sacar adelante medidas como modificar la Constitución.

Por otro lado, el PD de Noda parece destinado a desplomarse en las urnas después de que el bloque hiciera desfilar tres primeros ministros en sus tres años de inestable legislatura, en la que ha tenido que afrontar el revés que supusieron el terremoto y el tsunami del 11 de marzo de 2011.

Los sondeos le adjudican apenas entre 70 y 80 escaños, a diferencia de los 305 que obtuvo cuando se impuso en los comicios del 2009.

Estas son las primeras elecciones generales que se celebran en Japón tras el accidente en la central atómica de Fukushima, tema que ha jugado un papel importante en los programas de los candidatos.

Mientras que el PLD de Abe es reticente a adoptar un postura clara con respecto a la energía nuclear en el país, el Gobierno de Noda ya ha establecido el objetivo de eliminar totalmente las centrales atómicas de Japón para la década de 2030.

Hoy, un millar de personas se congregó en víspera de los comicios en el céntrico parque tokiota de Hibiya para pedir el fin de la fisión nuclear en Japón a raíz del accidente en Fukushima.

Con carteles y pancartas en los que figuraban lemas como "No queremos centrales nucleares" o "No nukes" (No a lo nuclear, en inglés) y bajo una intensa lluvia, los activistas desfilaron por una de las principales arterias de Tokio.

"Las centrales nucleares y el futuro energético que aguarda a los niños y jóvenes de este país es lo más importante en estas elecciones", contó a Efe Yukiko Hata, de 63 años, mientras desfilaba portando un estandarte en contra de la energía atómica.

Precisamente, las elecciones de mañana coinciden con el primer aniversario de la declaración de "parada fría" de los reactores de la accidentada central, lo que supuso situarlos de manera estable en una temperatura inferior a los 100 grados centígrados.

Andrés Sánchez Braun