Los líderes de la Unión Europea (UE) perdieron hoy el ímpetu inicial que les dio lograr los ansiados acuerdos sobre Grecia y la supervisión bancaria única, y resurgieron sus diferencias en torno a la idea de crear un fondo de solidariadad para financiar el desempleo y otros problemas de los países en crisis.

Así, se fueron diluyendo las ambiciones iniciales de que esta cumbre daría mayores resultados respecto a la hoja de ruta prevista para profundizar en la unión económica y monetaria (UEM).

El objetivo de la cita ha sido, según el presidente del Consejo Europeo, el belga Herman Van Rompuy, "dar el siguiente paso para lograr una auténtica unión económica y monetaria" y "avanzar en la aplicación de la agenda de crecimiento y empleo".

Los debates, que se prolongaron durante más de diez horas, evidenciaron de nuevo las divergencias entre los países que son partidarios de poner en marcha mecanismos para acometer las reformas estructurales de la economía europea y los que ponen el acento en los sistemas de solidaridad.

Así, la creación de una "capacidad fiscal" de la zona euro para financiar reformas y la lucha contra problemas macroeconómicos -por ejemplo el desempleo- en los Estados miembro se convirtió en uno de los principales caballos de batalla.

Ante las reticencias de la canciller alemana, Angela Merkel, y otros líderes, los Veintisiete acordaron sustituir esa figura por un "fondo de solidaridad" que aportará fondos a los países que se comprometan a ciertas acciones políticas a través de "contratos" con Bruselas.

Los detalles de ese mecanismo se definirán el próximo mes de junio, así como los posibles recursos financieros con los que estaría dotado.

Esos fondos son de gran interés para países como España e Italia, que deben hacer frente a importantes desequilibrios económicos.

El presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, restó sin embargo importancia a la oposición inicial de Alemania a crear un fondo específico de la eurozona y emplazó a entender las posturas de todos y a seguir negociando.

Pese a las divergencias, la discusión en el Consejo Europeo careció de la tensión y la urgencia de otras ocasiones.

Los Veintisiete comenzaron esta cumbre, que se dará por concluida el viernes, aliviados y satisfechos por haber logrado en las horas previas y tras largas negociaciones dos de los acuerdos más perseguidos y que más quebraderos de cabeza les dieron en los últimos meses.

Sus ministros de Economía y Finanzas les habían despejado el camino al lograr un acuerdo sobre la creación a partir de 2014 del supervisor bancario único, dependiente del Banco Central Europeo (BCE), que Van Rompuy consideró "un hito real hacia el fortalecimiento de la unión económica y monetaria".

Ese pacto abre la puerta a que, bajo ciertas condiciones, pueda comenzar a aplicarse en la primera mitad de 2013 la recapitalización directa de los bancos en problemas desde el fondo europeo de rescate, según las conclusiones del encuentro.

El compromiso de los líderes también prevé estudiar a lo largo del próximo año propuestas para crear un mecanismo de resolución bancaria y un sistema común de garantía de depósitos.

Antes de la cumbre, la zona euro se quitó también de encima el problema griego, con su luz verde para que Atenas reciba a partir de la próxima semana el siguiente tramo de asistencia financiera, de 34.400 millones de euros.

Los acuerdos de las últimas horas, unidos a los logrados desde el pasado mes de junio, llevaron al presidente francés, François Hollande, a asegurar que ya están sobre la mesa todos los elementos para superar la crisis del euro.

Según el dirigente galo, la prioridad para 2013 debe ser "salir de la crisis económica", impulsando el crecimiento y el empleo.