Miles de evacuados del pueblo nipón de Futaba, a espaldas de la central nuclear de Fukushima, afrontan como refugiados las elecciones generales del domingo, en las que por primera vez la mayoría no conoce siquiera la cara de sus candidatos.

Con su municipio convertido en un terreno fantasma invadido por la radiactividad, los casi 7.000 vecinos de Futaba llevan más de un año y medio repartidos en refugios o casas temporales en 38 provincias distintas de Japón, sin una fecha que marque el regreso a sus hogares.

Por primera vez este pueblo, convertido en nómada por el gran tsunami que en marzo de 2011 desató una grave crisis nuclear, no ha vivido ni la tradicional pegada de carteles, ni los mítines de los candidatos que se presentan por su distrito, ahora disgregado por todo el país.

Un antiguo instituto del pueblo de Kazo, en Saitama (al norte de Tokio), hace ahora las veces de Ayuntamiento de Futaba y sirve además de techo a 159 vecinos del pueblo que carecen de otra vivienda temporal.

En este viejo centro escolar se ha colocado una caja en un rincón para recibir las papeletas de aquellos vecinos que quieran votar de forma anticipada, y durante estos días de campaña un puñado de candidatos se ha pasado por allí para presentar sus propuestas a los pocos vecinos del lugar.

Sin embargo, la gran mayoría de los vecinos de Futaba llamados a votar viven a cientos de kilómetros de su ayuntamiento temporal, por lo que ni siquiera les han llegado los ecos de la campaña para la próxima cita electoral, que decidirán la composición de la Cámara Baja y el nuevo primer ministro de Japón.

La falta de espacio ha impedido instalar en la mayoría de los refugios los grandes tablones numerados en los que, por ley, se deben pegar los carteles electorales para que estén a la vista del público, así que muchos votantes ni siquiera están al tanto de quiénes son los candidatos.

Un portavoz de Futaba explicó a Efe que en total esa localidad tiene 5.403 electores, de los que la gran mayoría no tiene medios para acercarse a ese ayuntamiento temporal y depositar su papeleta. La opción que les queda es votar por correo, algo que se calcula hará solo cerca del 20 por ciento.

Para intentar facilitar el voto a los residentes, el municipio de Kazo ha "prestado" una veintena de funcionarios a Futaba -que por su parte tiene tan solo dos empleados públicos- para ir puerta a puerta por las casas temporales y animar a los refugiados a votar por correo.

"No espero nada de la política, ni tengo ningún interés en las elecciones", indicaba desilusionado uno de los refugiados a la televisión pública NHK.

Futaba es ejemplo de la perplejidad que se vive entre los afectados por la catástrofe del año pasado de cara a estas legislativas, en las que los partidos no saben cómo hacer llegar la propaganda electoral a los desplazados.

El tsunami y la crisis nuclear obligaron a más de 98.000 personas a dejar sus hogares en distintos municipios de Fukushima, y de ellos casi 58.000 se encuentran aún fuera de la provincia.

"No queremos que la población pierda esta oportunidad de votar. Por eso estamos tratando de avisar a la gente y difundir más información sobre cómo votar a distancia", dijo a Efe un responsable del comité electoral de la provincia de Fukushima.

En todo el país, todavía hay más de 321.400 desplazados a causa del terremoto de 9 grados que sacudió Japón en marzo de 2011, seguido de un tsunami que abrió la página más negra del país desde la II Guerra Mundial.

Algo más de 16.200 desplazados viven en casas de familiares o conocidos, mientas que unos 305.000 continúan refugiados en casas temporales o en hospitales, según los datos difundidos esta misma semana por el Ministerio encargado de la reconstrucción.

Precisamente dar un nuevo impulso a la reconstrucción de las zonas arrasadas es una de las promesas de la mayoría de los partidos en las elecciones del domingo, pese a que todo apunta a que, en ellas, las voces de las víctimas aún tendrán un peso menor.

Maribel Izcue