Líderes de once países de África acabaron hoy en Kampala una reunión sobre el conflicto en la República Democrática del Congo (RDC) sin alcanzar un acuerdo sobre el despliegue de un fuerza internacional en ese país.

Al término de la Conferencia Internacional de la Región de los Grandes Lagos (ICGLR), los presidentes de Angola, Burundi, República Centroafricana, República del Congo, RDC, Kenia, Ruanda, Sudán, Tanzania, Uganda y Zambia emitieron un comunicado conjunto en el que reafirmaron sus "vigorosos esfuerzos" para frenar el conflicto.

En los últimos dos días, la conferencia ha tratado de hallar una solución al conflicto de la convulsa provincia de Kivu del Norte, en el este de la RDC, que neutralice a los grupos rebeldes que actúan en la zona, que las autoridades congoleñas no consiguen controlar.

Sobre la mesa de negociación estaba un plan para movilizar una "fuerza internacional neutral" -idea apoyada por la Unión Africana (UA)- en la zona del conflicto para intentar controlar la situación.

Sin embargo, los líderes sólo acordaron crear un comité de ministros de Defensa que, en el plazo de un mes, deberá "aportar detalles sobre la operatividad de una fuerza internacional neutral", según el comunicado.

Ese comité deberá, además, proponer acciones "urgentes" para garantizar un fin de la violencia en el este de la RDC que permita "la consolidación de la paz, seguridad y estabilidad".

Los líderes también establecieron un fondo de ayuda a las víctimas de la crisis humanitaria en la RDC, al que Uganda aportó una contribución inicial de un millón de dólares, e instaron a la comunidad internacional a ayudar a esas personas.

Los mandatarios acordaron volver celebrar otra reunión en un mes con el objetivo de trazar un plan de acción concreto.

En el marco de la conferencia, el presidente de Uganda, Yoweri Museveni, medió en una reunión de los jefes de Estado de la RDC y Ruanda, Joseph Kabila y Paul Kagame, respectivamente, enfrentados por acusaciones mutuas de apoyar a grupos rebeldes.

En concreto, Kinshasa acusa a Kigali de apoyar el último levantamiento de los rebeldes del M23 en el este del Congo.

Por su parte, Ruanda afirma que la RDC acoge y protege a grupos hostiles a Ruanda, en especial a las Fuerzas Democráticas de Liberación de Ruanda (FDLR) y a extremistas de la etnia hutu considerados supuestos responsables del genocidio ruandés de 1994, en el que murieron unos 900.000 tutsis y hutus moderados.

El movimiento rebelde M23 inició los ataques contra las Fuerzas Armadas de la RDC y la población de Rustshuru, en Kivu Norte, el pasado mes de abril, y desde entonces han avanzado hacia la ciudad de Goma, capital de la región.

La zona oriental de la RDC vive constantes enfrentamientos entre el Ejército y los rebeldes del M23, que se sublevaron el pasado abril para protestar por la pérdida de poder impuesta por el Gobierno congoleño a su líder, y reclaman nuevas negociaciones.

El M23 está integrado por soldados congoleños amotinados fieles al rebelde Bosco Ntaganda, buscado por la Corte Penal Internacional (CPI) por crímenes de guerra.

Ntaganda se había integrado hace dos años en el Ejército de la RDC al contribuir a la pacificación de Kivu del Norte tras ayudar a la detención, en 2009, de Laurent Nkunda, exseñor de la guerra y antiguo general del Ejército congoleño.

La RDC está inmersa todavía en un frágil proceso de paz tras la segunda guerra del Congo (1998-2003), que implicó a varios países africanos.