Un año después de la muerte del expresidente argentino Néstor Kirchner y tras la reelección de la mandataria Cristina Fernández, su hijo Máximo se ha convertido en custodio de los negocios familiares y blanco de especulaciones sobre el futuro político del kirchnerismo.

De bajísimo perfil y un gran parecido físico con su padre, Máximo, de 34 años, contiene y aconseja a la presidenta desde la repentina muerte de Kirchner, fallecido el 27 de octubre de 2010 de un paro cardiaco.

"Con el que más me acerco ahora es con mi hijo, pero es totalmente distinto, es otra edad, otras vivencias, tenemos una relación de madre e hijo", reveló Fernández en su biografía autorizada, "La presidenta", de reciente publicación.

Esquivo con la prensa, el hijo mayor de los Kirchner no es amante de los actos públicos y sólo acompaña a su madre en los grandes paradas, como en la celebración de su aplastante triunfo en las elecciones del pasado 23 de octubre, cuando Fernández logró la reelección con casi el 54 por ciento de los votos.

El tierno abrazo de la presidenta y su hijo sobre el escenario donde celebraban la victoria y las palabras de Fernández asegurando que no tiene ninguna otra aspiración política dispararon las especulaciones sobre el rol de Máximo en la sucesión kirchnerista más allá del 2015, cuando se renovará el mandato presidencial.

"Todo hace prever que Cristina puede llegar a prescindir de una nueva reelección pero no de la conducción del espacio político que lidera. Algunos observadores miraron con especial interés el papel relevante que le dio a Máximo en las celebraciones del domingo, tal vez en un intento por instalar esa figura hacia el futuro", dijo a Efe el analista político Jorge Arias.

Las especulaciones en relación al papel de Máximo no son una novedad. Tras la muerte de Kirchner se dispararon los rumores sobre un posible mayor protagonismo público de Máximo.

"Tienes que seguir el camino de tu padre", le aconsejó el presidente venezolano, Hugo Chávez, en el velatorio de Kirchner.

Máximo es señalado como principal artífice de La Cámpora, una agrupación política juvenil que recoge la mística de la militancia peronista de izquierda de los convulsionados años 70, pero que los justicialistas conservadores no admiten como tropa propia sino como una creación de neto corte kirchnerista.

La Cámpora cobró fuerza cuando Fernández colocó a varios de sus cuadros políticos en funciones importantes y les permitió acceder en estas elecciones a ocho bancas en la Cámara Baja.

Pero Máximo no ostenta cargo alguno y en Río Gallegos, tierra natal de su padre, hay versiones encontradas sobre su talla política.

"Máximo tiene un bajo perfil. No está participando activamente en la política de acá", aseguró a Efe un dirigente del oficialismo.

Medios locales, sin embargo, lo muestran como enlace entre su madre y referentes peronistas de Río Gallegos, cuyo gobierno acaba de recuperar el kirchnerismo, y de la provincia de Santa Cruz, donde Fernández consiguió este domingo casi el 75 por ciento de los votos.

"Máximo está dedicado totalmente a los negocios familiares", apunta un joven que próximo a su círculo de amigos, que afirma que acude todos los días a la inmobiliaria que posee en sociedad con Osvaldo Sanfelice, que fue también socio de Kirchner.

Aunque no se sabe a ciencia cierta si es depositario de las dotes políticas de sus padres, al menos heredó su fama como administrador: el patrimonio de los Kirchner, según la última declaración presentada, creció de 1,5 a 16 millones de dólares en siete años.

Pese a esta fortuna, el estilo de vida de Máximo es recoleto: casi no tiene vida social y reside en la primera casa que tuvieron los Kirchner, de una planta, arreglada pero sin ostentaciones, en un barrio de origen sindical de Río Gallegos (2.500 kilómetros al sur de Buenos Aires).

Vive con su novia, Rocío García, de 35 años, hija de un exgobernador santacruceño y odontóloga de profesión, quien hace dos meses perdió un embarazo que la propia presidenta había anunciado públicamente llena de ilusión por convertirse en abuela.

"Antes era un chico normal, que salía, pero ahora casi ni lo vemos", dice un vecino del barrio.

Máximo pudo optar por la vida acomodada que los hijos de los presidentes argentinos suelen llevar en la residencia oficial de Olivos, en la periferia de Buenos Aires, pero eligió la aridez de Río Gallegos, donde su padre comenzó la carrera política que le llevó a la Presidencia.

Natalia Kidd