La Plataforma Ciudadana (PO) del primer ministro polaco, Donald Tusk, se impuso vencedora en las elecciones generales de ayer, por encima de los estragos causados en sus cuatro años de gestión por la crisis económica, la catástrofe aérea de Smolensk y el constante acoso de la oposición de Jaroslaw Kaczynski.

El liberal Tusk hizo además historia en la joven democracia polaca, donde nunca una misma formación había sido capaz de ganar dos elecciones consecutivas, un símbolo de normalización política.

Plataforma Ciudadana ganó las elecciones parlamentaras con un 39,19 % de los sufragios, según los resultados oficiales, escrutados el 99,2 % de los votos.

Por su parte, el partido Ley y Justicia (PiS) de Kaczynski se hizo con un 29,88 %, un resultado similar al obtenido en los pasados comicios de 2007.

El Parlamento estará además formado por otras tres agrupaciones: el recién fundado Movimiento Palikot, con un 10 % de apoyos; el Partido Campesino (PSL), con un 8,33 %, y la plataforma de izquierdas SLD, que consiguió un 8,25 %.

A la victoria de Plataforma Ciudadana contribuyó de forma decidida, según los analistas, la implicación total de Tusk en esta campaña, durante la cual recorrió en autobús todo el país transmitiendo a los electores un compromiso personal de servicio con el país.

PO ganó gracias al voto de los habitantes de las grandes ciudades y con mayor nivel de formación, deseosos de normalidad política y cansados de la confrontación que representa Kaczynski y de sus constantes alusiones al pasado, especialmente al accidente aéreo de Smolensk, en que falleció su hermano gemelo y entonces presidente, Lech Kaczynzki, junto a otros 95 pasajeros.

Tusk ha ganado estos comicios con un programa que representa estabilidad y moderación, según el politólogo Aleksander Smolar.

Muchos polacos querían, además, evitar a toda costa que Kaczynski llegase al poder, tal y como sucedió en 2005, cuando se impuso una Polonia esperpéntica, donde se cuestionaba la identidad sexual de los Teletubbies o se lanzaban duras acusaciones contra Alemania y Rusia.

Así, el partido de Kaczynski y su mensaje conservador-nacionalista han perdido el sexto sufragio consecutivo, aunque sus apoyos, un tercio de los electores, se mantienen fieles y comparten la visión política de su líder sobre una Polonia acechada por enemigos externos e internos.

Más allá de este electorado fiel, los comicios dejaron claro que se impusieron de nuevo quienes defienden una Polonia más moderna, tal y como refleja no sólo la victoria de Plataforma Ciudadana, sino el éxito del Movimiento Palikot y sus postulados anticlericalistas.

Tusk no podrá gobernar en solitario, sino que todo apunta a que se reeditará la coalición con el Partido Campesino, una formación moderada y tradicionalista con la que PO ya ha gobernado esta legislatura sin sobresaltos.

La mayoría de expertos opina que Plataforma Ciudadana no se arriesgará a pactar con el Movimiento Palikot.

"Si la coalición entre PO y PSL requiere votos, tratará más bien de ir buscando apoyos puntuales de miembros del Movimiento Palikot o, mejor aún, de un SLD debilitado", afirma el politólogo Bartlomiej Biskup, quien subraya que el partido de Tusk ya ha demostrado en el pasado su flexibilidad para construir alianzas.

Los expertos coinciden asimismo en valorar la sorprendente irrupción del partido Movimiento Palikot, la gran revelación de estos comicios, en los que debutaba sin una gran maquinaria electoral y con miembros prácticamente desconocidos.

Sus votantes son principalmente jóvenes de entre 25 y 39 años de edad (un 62,5 por ciento de su electorado en total), habitantes de grandes ciudades con un buen nivel de formación.

Otra gran sorpresa de esa formación es que también haya reunido un 28 por ciento de sus apoyos en el campo, entre campesinos polacos con fama ganada de ser conservadores y católicos.

Su líder, el empresario Janusz Palikot, demostró que sabe atraer la atención con un anticlericalismo irreverente, y que se puede medir con los partidos financiados con fondos públicos.

Palikot es un antiguo diputado correligionario de Tusk que se escindió para crear un partido más radical que, además de su apuesta por el anticlericalismo convencido, pide la legalización de la marihuana.

Mientras, el líder del SLD , Grzegorz Napieralski, confirmó que no se presentará a su reelección después del descalabro de la izquierda en estas elecciones, tras las que, como reconoció, Polonia queda completamente dominada por el centroderecha.