Un total de 113 millones de habitantes de América Latina y el Caribe, es decir, una de cada cinco personas que viven en la región, reciben transferencias de dinero a cambio de que sus hijos vayan al colegio o participen en controles de salud y nutrición, señaló hoy Naciones Unidas.

Se trata de recursos monetarios entregados por los programas de transferencias condicionadas (PTC), dirigidos a familias pobres con hijos en edad escolar y mujeres embarazadas, que nacieron a mediados de los 90 en Brasil y México y hoy son implementados en 18 países de la región.

Estos datos fueron dados a conocer durante la apertura de un seminario sobre los PTC organizado por tres agencias de Naciones Unidas que se celebrará hasta mañana en la sede en Santiago de Chile de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

"Los programas de transferencias han mejorado el acceso a educación, salud y nutrición, además de proteger los niveles de ingreso y el acceso a alimentos por parte de las familias más pobres", señaló José Graziano, representante regional de la FAO y próximo director general de ese organismo.

Los PTC benefician a 113 millones de personas, que representan el 19 % de la población latinoamericana, con una inversión cercana al 0,4 % del PIB regional, según un estudio elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Durante la última crisis económica internacional, ni la inversión social ni la cobertura regional de estos programas se vio afectada.

"Los programas de transferencias condicionadas, o con corresponsabilidad, constituyen uno de los principales instrumentos de combate a la pobreza implementados durante los últimos 15 años en la región", defendió la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena.

Estos programas también han sido importantes para evitar que las familias pobres implementen estrategias negativas para hacer frente a la crisis económica y a las alzas de los precios de los alimentos, como sustituir alimentos de buena calidad por otros más baratos pero menos nutritivos, reducir su consumo alimenticio o vender sus activos.

También se ha constatado que estos programas producen mejoras significativas en los indicadores nutricionales, aumentan los controles médicos y el rendimiento escolar, y disminuyen la deserción escolar, recalcan las agencias de Naciones Unidas en un comunicado conjunto.

Los programas no sólo impactan positivamente a los hogares, sino también a las economías locales, especialmente las rurales, ya que los beneficiarios aumentan su consumo e inyectan recursos a sus comunidades.

"Por mucho tiempo este tipo de programas fueron percibidos como asistencialistas, han demostrado ser un motor del desarrollo para los países y el primer peldaño en la realización efectiva de los derechos ciudadanos" para millones de personas", señaló Graziano, que el 1 de enero asumirá el cargo de director general de la FAO.