El Gobierno de EE.UU. se mostró hoy "decepcionado" por la visita infructuosa a Cuba del exgobernador de Nuevo México Bill Richardson, que no pudo cumplir su fin de reunirse con el contratista estadounidense Alan Gross, encarcelado en la isla.

"Estamos decepcionados de que no pudiera visitarle", dijo el portavoz adjunto del Departamento de Estado, Mark Toner, en su conferencia de prensa diaria.

"El hecho de que el Gobierno cubano rechazara permitir cualquier tipo de contacto entre el exgobernador Richardson y el señor Gross es desafortunado, y está en claro contraste con el desinteresado esfuerzo del exgobernador para visitar a Gross, con el fin de abogar por su liberación basándose en razones humanitarias", agregó.

Toner aseguró que la visita de Richardson fue "privada" y no estuvo patrocinada por el Departamento de Estado, aunque éste respaldó su objetivo".

"Seguimos muy preocupados por el bienestar del señor Gross", agregó el portavoz.

El estadounidense, que trabajaba como subcontratista de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID), fue encarcelado hace casi 22 meses bajo cargos de actividades subversivas contra el Estado cubano, y está condenado a 15 años de prisión.

En una entrevista hoy con la cadena CNN, Richardson aseguró que Gross ha perdido casi 50 kilos, está "deprimido" y con "lesiones" en su cuerpo.

Richardson, también exembajador de EE.UU. ante la ONU, consideró que son "algunos elementos de la línea dura del partido" los que ponen trabas a los esfuerzos de mediación del Gobierno estadounidense y de organizaciones humanitarias.

"Mi mensaje a los cubanos fue: soy un ciudadano particular, no estoy representando al Gobierno. Pero aún así, volví con las manos vacías", explicó a la cadena.

El exgobernador advirtió que el caso de Gross es un obstáculo "real" en la mejora de relaciones entre Estados Unidos y Cuba, y que La Habana debe comprender que "un sólo hombre sí importa".

"El presidente Barack Obama está aligerando las restricciones de viaje, y buscando una política más abierta. Pero a no ser que Cuba cambie su política en derechos humanos, la relación no va a mejorar", advirtió Richardson.