La marcha de pueblos amazónicos bolivianos contra una carretera que atravesará un parque natural, que mañana cumple un mes, está agrietando la trabajada imagen del presidente Evo Morales como ecologista e indigenista, según reconocen incluso sus partidarios.

La protesta "está afectando la imagen de nuestro Gobierno a nivel internacional, está mostrando como que el Gobierno estuviera dañando el medio ambiente", aunque "eso no es así", aseguró el diputado oficialista Carlos Aparicio a medios locales.

Morales envió a cientos de policías y cultivadores de coca, su principal fuerza política, para frenar la marcha de unos 1.500 amazónicos que rechazan la carretera, financiada por Brasil, porque parte en dos el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis).

Dos dirigentes de la protesta, Adolfo Chávez y Rafael Quispe, denunciaron que los policías, supuestamente enviados para evitar un enfrentamiento, se pusieron de parte de los cocaleros, que han cavado trincheras para detener la marcha.

"La Policía está al lado de ellos, la presión psicológica que viene acá es de parte de ellos. Es un bloqueo del Gobierno con la Policía", dijo Quispe.

Al llegar al poder en 2006, Morales retuvo la presidencia de siete sindicatos de productores de coca, base para elaborar cocaína, y los amazónicos temen que la carretera sirva para que los cocaleros terminen de invadir el Tipnis, donde ya ha corrido la sangre por ello en años anteriores.

La oficina antidrogas de la ONU (Unodc) reveló el lunes que desde 2006 los cocales aumentaron un 22 %, de 25.400 a casi 31.000 hectáreas, dos veces y media lo permitido por ley para usos tradicionales como el "acullicu" (masticado).

Unodc también afirmó que el cultivo de coca se expande en parques naturales.

Morales y sus colaboradores reiteran que combaten los cultivos ilegales y el narcotráfico, y afirman que esa lucha mejoró tras expulsar de Bolivia en 2008 a la agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA), pero las cifras de la Undoc son reveladoras:

Tras mermar un 8% en 2005, los cocales crecieron todos los años, subiendo en 2006 de 25.400 a 27.500 hectáreas, en 2007 a 28.900, en 2008 a 30.500, en 2009 a 30.900 y en 2010 a 31.000.

Decenas de funcionarios y mandos de la Policía han sido apresados por narcotráfico este año, incluido un exzar antidrogas de Morales, general René Sanabria, que confesó en Miami (EEUU) que participó en el envío de cocaína de Bolivia a varios continentes.

Morales, mestizo de origen aimara que no habla habitualmente lenguas indígenas, critica a los marchistas porque, según dijo, son "usados" por organizaciones no gubernamentales (ONG), lo cual rechazan las etnias amazónicas.

En una columna de prensa, el ex viceministro Alejandro Almaraz comentó que esa acusación de Morales revela su "subestimación y desprecio por los indígenas (...) al descartar tácitamente que puedan pensar y actuar por si mismos".

Almaraz, viceministro de Tierras en la primera presidencia de Morales (2006-10), agrega que el mandatario, frente a la marcha, "reproduce minuciosamente el discurso, los métodos y la ideología de los gobiernos de la derecha neoliberal".

Para algunos analistas, la marcha del Tipnis revela que Morales está perdiendo el control de las etnias de las tierras bajas del oeste boliviano, aunque siga fuerte entre aimaras y quechuas del altiplano andino.

Incluso el viceministro de Descolonización, Félix Cárdenas, criticó a los ministros "blancos" enviados por Morales a dialogar con los marchistas porque, según él, no entienden a las etnias amazónicas.

El cardenal católico julio Terrazas advirtió de que "los grupos mayoritarios de montaña o altura deberían mirar con respeto y espíritu solidario a las minorías indígenas del llano y trópico, que no son numerosas pero esperan que su conciencia y dignidad no sean pisoteadas absolutamente por nadie".

Tras varios intentos fallidos de diálogo con los marchistas, Cardenas afirmó que "la negociación está mal planteada" por Morales porque "los ministros q'aras (blancos) no pueden negociar con los indios (...) Deberían estar los viceministros indios para negociar de indio a indio".

Los caminantes recogieron el guante y pidieron dialogar de "indígena a indígena" con el ministro de Exteriores, el aimara David Choquehuanca, líder del sector indigenista del Gobierno, enfrentado a menudo a la mayoría mestiza y blanca que encabeza el vicepresidente, el exguerrillero blanco Álvaro García Linera.

Pero tampoco dio frutos el viaje de Choquehuanca al caserío donde están los amazónicos, La Embocada, a 350 kilómetros al noreste de La Paz y a solo 20 de las trincheras que cavaron los cocaleros en torno al pueblo de Yacumo.

Antonio Martínez