A dos días de presentar ante el Congreso su esperado plan de creación de empleo, la popularidad del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se encuentra más baja que nunca, según apuntan hoy varias encuestas.

Cuando Obama se dispone a pronunciar en el Capitolio un discurso con el que trata de recuperar la iniciativa política, las encuestas son unánimes al señalar que la economía, que presenta un 9,1 por ciento de desempleo y pocos visos de reactivación y será clave en las elecciones de 2012, es el punto más débil del presidente.

Un sondeo que publica hoy el diario "The Washington Post" indica que más del 60 por ciento de los votantes desaprueba el modo en que Obama gestiona la economía.

Tan sólo un 43 por ciento aprueba su gestión en general, mientras que un 53 por ciento la desaprueba, señala esta encuesta. Estas cifras son las peores que registra la popularidad de Obama en sus casi tres años de mandato.

En otro sondeo similar, que publica el diario "Politico", casi tres de cada cuatro votantes consideran que el país va en la dirección equivocada, un aumento de doce puntos porcentuales en tres meses.

Tan sólo el 20 por ciento de los votantes cree que el país va por la dirección apropiada, según esta encuesta, que concede a Obama una aprobación del 45 por ciento -son siete puntos porcentuales menos desde mayo- y una desaprobación del 50 por ciento.

Esta encuesta también adjudica al presidente unas calificaciones especialmente malas en lo que respecta a la economía, pues el 59 por ciento desaprueba su gestión y sólo el 39 por ciento le da su visto bueno.

Una tercera encuesta, que publica el diario "The Wall Street Journal", atribuye al presidente una popularidad del 44 por ciento, mientras que por primera vez el descontento supera la mitad del electorado y llega al 51 por ciento.

En torno al 73 por ciento de los encuestados considera que el país va por la dirección incorrecta, una cifra que no se veía desde 2008 -en plena recesión-, mientras que el 70 por ciento cree que la economía aún no ha tocado fondo.

La impopularidad del presidente ha abierto unos horizontes insospechables hace tan sólo unos meses para los aspirantes republicanos, que se encuentran en alza y empiezan a ver como una posibilidad real el derrotar a Obama en los comicios de noviembre de 2012.

Según el sondeo del "Journal", un 44 por ciento de los estadounidenses se declara más dispuesto a votar por los republicanos que por Obama, mientras que tan sólo el 40 por ciento declara lo contrario.

En junio, la tendencia era a la inversa, un 45 por ciento más favorables a votar a Obama que el 40 por ciento que se inclinaba por los republicanos.

Incluso el exgobernador de Massachusetts Mitt Romney, considerado uno de los rivales republicanos con más posibilidades frente al presidente, tiene previsto presentar hoy su propio plan de fomento del empleo, adelantándose a lo que Obama pueda proponer el jueves.

En un artículo que publica hoy en el diario "USA Today" para anticipar sus propuestas, Romney arremete contra lo que considera que ha sido un excesivo intervencionismo de la Administración demócrata en la economía.

"En el mejor de los casos, el Gobierno puede aportar un marco para que tenga lugar el crecimiento económico. Con demasiada frecuencia, no obstante, el Gobierno se interpone", indica Romney, que agrega que "los últimos tres años de expansión sin paralelo del Gobierno nos ha vuelto a enseñar demasiado bien esa lección".

Los candidatos republicanos tendrán mañana una nueva ocasión de captar el interés del público en un debate televisado que se celebrará en la biblioteca presidencial de Ronald Reagan en Simi Valley, en California.

Por todo ello, Obama se la juega el jueves en su intervención ante ambas Cámaras del Congreso, en la que, según se espera, planteará un plan de desgravaciones fiscales y de nuevo gasto en infraestructuras y formación laboral.

Sobre todo, sus partidarios le reclaman que deje de lado la retórica y presente propuestas concretas con las que fomentar la creación de empleo.

De otro modo, el presidente puede encontrar que los problemas económicos que le catapultaron al poder en 2008 pueden acabar con su mandato.