La "limpieza ética" promovida en Brasil por la presidenta Dilma Rousseff, que le ha costado ya el cargo a tres ministros por sospechas de corrupción, puede agrietar su variopinta coalición de Gobierno, según coincidieron hoy analistas y amplios sectores políticos.

La última baja en medio de un huracán de denuncias de supuestas irregularidades en todas las esferas del poder fue la del ministro de Agricultura, Wagner Rossi, influyente dirigente del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), quien dimitió el miércoles al cargo que tenía ya en el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva.

Rousseff designó hoy como reemplazo a Jorge Mendes Ribeiro, también del PMDB, formación de centroderecha a la que pertenece el vicepresidente Michel Temer y que por su condición mayoritaria en el Congreso es el verdadero fiel de la balanza política en Brasil.

El primero en caer en esta "limpieza ética" fue el influyente Antonio Palocci, un histórico dirigente del Partido de los Trabajadores (PT) que dimitió en junio al Ministerio de la Presidencia por sospechas de enriquecimiento ilícito.

En julio cayó Alfredo Nascimento, hasta entonces ministro de Transportes y presidente del Partido de la República (PR), quien esta semana retiró a esa formación de la coalición gobernante, para adoptar una posición de "independencia" y "apoyo crítico".

Este jueves le tocó al turno a Rossi, pero nada indica que la "limpieza" acabe ahí, pues la oposición exige la salida del titular de Turismo, Pedro Novais, cuyo viceministro Frederico Silva da Costa fue detenido la semana pasada como sospechoso de fraudes.

Al margen de las denuncias, Rousseff perdió además en la cartera de Defensa a Nelson Jobim, otro ministro "heredado" de Lula, quien dimitió tras confesar que ni siquiera había votado por ella para la Presidencia.

En relación a las corruptelas, que parecen encarnadas en toda la administración pública, la prensa y los analistas han destacado la actitud implacable de Rousseff y su decisión de no interferir en la actuación de la policía y los órganos controladores del Estado.

También marcan la diferencia que eso supone respecto a la gestión de su antecesor y mentor Lula, a quien siempre la oposición acusó de "amparar" a los corruptos para garantizar la gobernabilidad.

"Si ahora la consigna es limpieza será difícil parar este proceso ante esa suciedad acumulada durante los ocho años de un Gobierno cómplice", indicó hoy en su editorial el diario O Globo.

El diario Folha de Sao Paulo también dedicó su editorial a la situación política y apuntó que Rousseff "se escapa por ahora del riesgo de que esta moralización se desmoralice para preservar la base de apoyo en el Congreso", pues la "limpieza ética" tiene pleno respaldo popular, reflejado ya en las encuestas.

Sin embargo, subrayó que el PMDB, que durante los últimos años ha sido salpicado por numerosos escándalos de corrupción, "sigue en el Gobierno" y ahora es "menos confiable que nunca", pues uno de sus dirigentes, como Rossi, ha sido alcanzado por la "escoba" de Rousseff.

Según Rudolfo Lago, editor del portal de análisis político Congreso en Foco, Rousseff debe ser "cautelosa", pues puede "perder el control de las escobas" y ver una limpieza "mucho más intensa de lo que gustaría".

Los temores de un mayor resquebrajamiento en la base de apoyo a Rousseff son compartidos y expresados por parlamentarios hasta del oficialismo, como el senador Cristovam Buarque, quien dijo a Efe que "Rousseff corre el riesgo de tener problemas por sus aciertos y no por sus errores", lo cual calificó de "horrible".

Buarque, del Partido Democrático Laborista (PDT), dijo confiar sin embargo en la "sensatez" de los partidos y citó como "esperanza" un frente suprapartidario creado esta semana en el Congreso para apoyar la cruzada de Rousseff contra la corrupción.

El senador Pedro Simón, también de ese frente y miembro del PMDB, dijo hoy que ese grupo intentará generar un movimiento en la sociedad civil para "impedir que Rousseff se quede sola".

Según Simón, la presidenta "está haciendo contra la corrupción todo lo que sus antecesores no hicieron en más de dos décadas", por lo que "hay que sacar a la gente a la calle para apoyarla".