Europa necesita "un debate mucho más racional" sobre la protección de los refugiados, afirmó hoy en entrevista con Efe el alto comisionado de la ONU para los Refugiados, Antonio Guterres, tras mostrarse preocupado por el surgimiento de "nacionalismos violentos" en este continente.

Al cumplirse hoy los 60 años de la adopción de la convención de la ONU sobre refugiados, Guterres recordó que uno de los legados más valiosos de Europa a la civilización moderna ha sido la tolerancia, pero reconoció que este valor está hoy "en cuestión" con "los nacionalismos violentos, la intolerancia religiosa y formas de racismo y xenofobia que se desarrollan en algunas sociedades".

"Nuestras sociedades van a ser multiculturales, multireligiosas y multiétnicas. Esto es una gran riqueza y hay que comprenderlo", dijo.

Rechazar esta evidencia, agregó "no solamente es una tontería", sino que contribuye a generar sentimientos que se expresan a través del populismo político, "pero también de manera más trágica, como en horrorosos actos de violencia como los que lamentamos en Noruega".

Guterres sostuvo que tragedias como la del país escandinavo "deben interpelar a los líderes políticos" y hacerles comprender que "la cuota de mercado o el voto de corto plazo son mucho menos importantes que garantizar que Europa siga siendo un continente de tolerancia".

Al cumplirse hoy los 60 años de la adopción de la Convención sobre Refugio, el instrumento internacional que rige en la materia, el alto comisionado de la ONU pidió a los gobiernos "un manejo de las fronteras con sensibilidad".

Esto se refiere a que frente a una crisis de refugiados "lo más importante es mantener las fronteras abiertas para quienes tienen necesidad de una protección internacional".

Sostuvo que los países que mejor cumplen ese postulado son los que menos recursos tienen, y recordó que al estallar la crisis en Libia, Túnez y Egipto "abrieron sus fronteras inmediatamente", lo mismo hicieron antes Liberia y Ghana en la crisis de Costa de Marfil, y hoy Kenia y Etiopía acogen por cientos de miles a los refugiados del hambre de Somalia.

"En los países del mundo en desarrollo hay casi siempre una actitud de generosidad y hospitalidad natural. Cuando los vecinos tienen problemas, las fronteras se abren. Esta es la actitud que me gustaría ver en todo el mundo, sobre todo en el mundo desarrollado", dijo Guterres, cuyo organismo tiene bajo su protección a más de 25 millones de refugiados y desplazados internos en todo el mundo.

Lamentó que ante la crisis en Libia, Europa se enfrascara en un debate "que estaba menos orientado a saber cómo apoyar al pueblo libio o la transición democrática en Túnez o Egipto, que a ver cómo cerrar las fronteras y contener el movimiento (de inmigrantes) para Europa".

El Cuerno de África es la región hacia la cual la Alta Comisaria de la ONU para los Refugiados (ACNUR) ha volcado sus esfuerzos ante el drama de 12 millones de personas afectadas por una grave sequía y una situación de hambruna en Somalia.

"Nos enfrentamos a indicadores absolutamente dramáticos en Somalia, donde pensamos que hay 800.000 niños con malnutrición, el 80 por ciento de ellos con malnutrición aguda", indicó.

Guterres dijo que en estos últimos días, unos 2.000 somalís llegan a diario a los campamentos de refugiados gestionados por ACNUR en las vecinas Kenia y Etiopía.

En esos asentamientos humanos, la situación también es crítica: "En Dollo Ado (campamento en Etiopía), el 50 por ciento de niños que llegan sufren malnutrición aguda y el 28 por ciento, malnutrición aguda severa".

Las condiciones en ese campamento han mejorado algo con el paso de las semanas: "En los primeros días teníamos en Dollo Ado 7 muertos al día por cada 10.000 personas, lo que es absolutamente terrible, sin paralelo con ninguna otra situación que yo conozca", aseguró.

Sobre las críticas a la lentitud con la que llega la ayuda internacional a Somalia, Guterres evocó "las enormes dificultades logística, de acceso y de seguridad, y naturalmente la falta de fondos".

"La comunidad internacional tiene que comprender lo extremadamente difícil que es hacer lo que están haciendo los organismos de la ONU, las ONG y todas las entidades humanitarias en Somalia", invocó el alto comisionado.

Isabel Saco