El primer ministro de Japón, Naoto Kan, sobrevivió hoy a una moción de censura presentada por la oposición, pero sólo a cambio comprometerse a dimitir "una vez encauzada" la crisis desatada por el seísmo y el tsunami del 11 de marzo.

Hasta el último momento la caída de Kan parecía más que probable, ya que incluso en las filas de su propio partido, el Democrático (PD), un buen número de diputados "rebeldes" había asegurado que apoyaría la moción de la oposición.

Sin embargo, poco antes de la crucial votación el primer ministro compareció ante su partido y, en un discurso televisado, prometió dejar la responsabilidad "a la siguiente generación" de políticos una vez esté asentado el proceso de reconstrucción de Japón.

Su decisión fue fruto de las negociaciones con el ex primer ministro Yukio Hatoyama, cuyo apoyo fue vital para que Kan siga al frente del Gobierno, al menos por ahora.

Hatoyama, que cedió el testigo del Ejecutivo a Kan en junio del año pasado tras dimitir por una caída en picado de su popularidad, presionó al primer ministro para que renuncie en un futuro que, según aseguró a la televisión NHK, "no será muy lejano".

El Gobierno de Kan ya estaba en el ojo del huracán antes del terremoto del 11 de marzo por un escándalo de donaciones ilegales, pero las críticas por su respuesta a la catástrofe lo han llevado al borde del abismo.

Ahora, en esta especie de periodo de gracia concedida por las filas de su propio partido, el primer ministro se ha comprometido a concentrarse en los esfuerzos de reconstrucción, mantener la cohesión de su formación y evitar que el opositor PLD, que gobernó Japón durante 54 años, vuelva al poder.

Kan, de 64 años, tomó las riendas del Gobierno con un programa que daba prioridad a la economía y se comprometía a sanear las finanzas de Japón, un país aquejado por una exorbitante deuda pública (más del doble de su Producto Interior Bruto).

Sus esfuerzos se vieron truncados por la catástrofe del 11 de marzo, la peor tragedia sufrida por Japón desde la II Guerra Mundial, que dejó más de 23.000 muertos o desaparecidos, destruyó cientos de miles de viviendas y desató una crisis nuclear que permanece abierta.

Aunque en los días inmediatamente posteriores al terremoto los partidos políticos enterraron el hacha de guerra ante la magnitud del desastre, pronto comenzaron a surgir críticas por la gestión de Kan.

De nada sirvió que ayer el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) indicara que, una vez desatada la crisis en la central nuclear de Fukushima, el Gobierno difícilmente pudo haber hecho más de lo que hizo.

Según una encuesta realizada a finales de mayo por el diario Nikkei, el 74 por ciento de la población considera "insatisfactoria" la gestión de la crisis nuclear, mientras que el 62 por ciento desaprueba la labor general del Gobierno.

Para la oposición y parte del partido gobernante, Kan mostró lentitud en su respuesta y falta de liderazgo ante una crisis que, además de la tragedia humana, ha supuesto un serio revés para la economía nipona, a la que ha arrastrado de nuevo a la recesión.

Con su futuro político hipotecado, el primer ministro debe gestionar la respuesta humanitaria, la crisis nuclear, la recuperación económica y la creciente deuda pública, a lo que se suma la dificultad añadida de actuar con un partido fraccionado.

Entre sus principales opositores internos está el influyente Ichiro Ozawa, ex secretario general de la formación, que hoy se abstuvo de votar tras anunciar la víspera que lo haría contra Kan.

La facción leal a Ozawa, unos 40 diputados de los 305 con los que cuenta el PD en la Cámara Baja, también decidió en el último momento respaldar al primer ministro, pero solo tras conocer su intención de dimitir en el futuro.

El PD llegó al poder tras una victoria histórica en las elecciones de agosto de 2009, que pusieron fin al largo gobierno del PLD en Japón, un país que ha tenido cinco primeros ministros en los últimos cinco años.