El primer ministro de Japón, Naoto Kan, cuyo Gobierno peligra por una moción de censura presentada ayer por la oposición, aseguró hoy que dimitirá una vez esté asentado el proceso de reconstrucción de las zonas asoladas por la catástrofe del 11 de marzo.

Kan hizo estas declaraciones en un discurso ante los miembros de su partido, a los que pidió que rechacen la moción que se votará hoy en la Cámara Baja.

El gobernante Partido Democrático (PD) se encuentra dividido, ya que una facción rechaza la gestión de Kan tras el seísmo y su manejo de la crisis nuclear de Fukushima y varios de sus parlamentarios apoyan la moción de censura.

"En estos momentos, estoy trabajando para la reconstrucción del país, pero una vez concluya mi labor tengo intención de dejar la responsabilidad a la siguiente generación" de políticos, dijo el primer ministro, que llamó a la cohesión en las filas de su partido.

Kan transmitió este mensaje unas horas antes de que se vote en el hemiciclo la moción de censura presentada la víspera por la principal formación de la oposición, el Partido Liberal Demócrata (PLD), junto con el partido Nuevo Komeito y el minoritario Sunrise Party.

Aunque el PD tiene mayoría absoluta en la Cámara Baja, la moción de censura podría prosperar si al menos 80 de los diputados de esa formación votaran contra su propio líder, algo que algunos ya han asegurado que harán.

Entre los "rebeldes" se encuentra el influyente Ichiro Ozawa, ex secretario general de la formación y que cuenta con unos 40 diputados leales.

Para que la moción fuera aprobada, deberían apoyarla además algunos indecisos dentro del PD y una facción leal al ex primer ministro Yukio Hatoyama, quien precisamente cedió el testigo del Gobierno a Kan en mayo del año pasado tras dimitir por la caída de su popularidad.

Hatoyama, sin embargo, apoyó hoy la idea de que Kan deje el Gobierno una vez esté encauzado el proceso de reconstrucción y dejó entrever que él y los suyos podrían rechazar la moción.

Ésta se produce en un momento en que el Gobierno se enfrenta al reto de afrontar una reconstrucción millonaria en el noreste del país tras el devastador terremoto y tsunami del 11 de marzo, que desataron además la crisis nuclear más grave tras la de Chernóbil en 1986.