República Dominicana conmemorará mañana con varios actos el cincuentenario de la muerte del dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina, quien durante 31 años manejó con puño de hierro los destinos de la nación caribeña.

La principal actividad se celebrará en el lugar donde fue abatido el dictador bajo la organización de la Fundación Héroes del 30 de Mayo, donde se espera nuevamente la presencia del único superviviente del magnicidio, el general vitalicio Antonio Imbert Barrera.

El Ministerio de Educación también hará un acto conmemorativo en una escuela de Santo Domingo.

Las actividades, en realidad, iniciaron varios días antes cuando el Senado rindió homenaje a Imbert Barrera y de manera póstuma a sus compañeros integrantes del complot que ejecutó al dictador.

Además, hoy se inaugura el Museo de la Resistencia, un organismo creado por el Gobierno para "recopilar, organizar, preservar, investigar y exponer los bienes del patrimonio de la nación correspondiente a las luchas de los dominicanos contra la cruenta dictadura".

La Era de Trujillo (1930-1961), como se conoce históricamente ese período en el país, es considerado por muchos como uno de los regímenes más sangrientos de América Latina.

La conmemoración se produce en momentos en que la figura y el régimen de Trujillo siguen siendo temas de amplia discusión y análisis por parte de historiadores, sociólogos, políticos y entidades dominicanas de diversa índole.

Trujillo asumió el poder en 1930 a través de un golpe de Estado que encabezó solapadamente contra el Gobierno del general Horacio Vásquez, a quien servía como jefe del Ejército, tras lo cual inició un rápido proceso de aniquilación de líderes nacionales armados.

Entrenado en las lides militares durante la primera ocupación de Estados Unidos (1916-1924), el nuevo hombre fuerte comenzó paralelamente un amplio programa de construcción de obras públicas que dinamizó la economía y asumió un discurso en el que destacaba un eslogan que hizo recorrer todo el país: "Mis mejores amigos son los hombres de trabajo".

Su apoyo político lo organizó alrededor del Partido Dominicano, único legalizado en la nación, al tiempo que se agenciaba la colaboración de varios de los más destacados intelectuales, e iniciaba la construcción de un emporio de empresas de todo tipo que empezaron a engrosar sus cuentas personales.

Trujillo creó también el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), un temible cuerpo de represión y persecución que mantenía un control prácticamente absoluto sobre los ciudadanos, a través de un efectivo sistema de soplones que hacía a los vecinos sospechar hasta de su sombra.

El grado de poder que acumuló alcanzó niveles tales que al final de su régimen se atrevió a financiar el atentado que casi cuesta la vida a uno de sus más fuertes críticos a nivel internacional, el expresidente de Venezuela Rómulo Betancourt.

Los acontecimientos en torno a la muerte de Trujillo han sido recreados por varios autores quienes coinciden en que circunstancias no previstas por los conjurados dieron al traste con la segunda parte del plan que era la toma del poder, lo que permitió al régimen iniciar una implacable persecución contra los autores del tiranicidio.