Goodluck Jonathan prestó juramento el domingo para un mandato completo de cuatro años como presidente de Nigeria y ahora enfrenta el reto de unir a un país que enfrenta fuertes tensiones religiosas.

Dichas tensiones derivaron en una intensa violencia post-electoral a pesar de que los observadores calificaron los comicios como los más imparciales en más de una década.

Horas después de la toma de posesión, una serie de explosiones en un cuartel del ejército en Bauchi, en el noreste del país, mataron al menos a cinco personas, según un funcionario policial que habló a condición de guardar el anonimato.

La majestuosa ceremonia en la principal plaza de armas de la capital nigeriana, Abuya, se produjo apenas un año después de que Jonathan asumió el cargo para completar el mandato del fallecido presidente Umar Musa Yar'Adua. La muerte de Yar'Adua catapultó al ex vicepresidente al poder, y las elecciones del 16 de abril lo consolidaron en la presidencia.

"Ustedes me han encomendado un mandato y nunca jamás los defraudaré", dijo Jonathan durante su discurso inaugural transmitido por la televisión estatal nigeriana.

Los analistas dicen que se puede esperar más del mandatario en este nuevo periodo.

"Ahora tiene suficiente capital político para hacer lo que piensa que puede hacer. Compitió y ganó en unas elecciones ampliamente consideradas como libres e imparciales en comparación con comicios anteriores", dijo Thompson Ayodele, director del Instituto de Análisis de Políticas Públicas, con sede en Lagos.

Los observadores calificaron la votación del 16 de abril como la más imparcial en Nigeria desde que el país se convirtió en una democracia hace 12 años. La nación se ha visto asolada por golpes militares durante gran parte de sus 50 años de independencia y todas las elecciones anteriores habían estado severamente viciadas.

Sin embargo, la votación de abril se vio empañada por disturbios post-electorales que dejaron cientos de muertos, lo que subrayó las divisiones religiosas y étnicas en el país más poblado de Africa. La organización activista Human Rights Watch dijo que más de 800 personas, tanto cristianas como musulmanas, murieron en ataques y contraataques relacionados con las elecciones.

Durante su discurso inaugural del domingo, Jonathan dijo que el desarrollo podría remediar esas divisiones.

"Juntos vamos a unirnos para mejorar las condiciones de vida de todos nuestros pueblos, ya sea en el norte, en el sur, en el este o en el oeste. Esta es nuestra década de desarrollo," dijo el presidente. "No vamos a permitir que nadie use nuestras diferencias de credo o de lengua para ponernos unos contra otros."

El país de 150 millones de personas con más de 150 grupos étnicos está dividido entre el sur dominado por los cristianos y el norte musulmán. La violencia post-electoral se extendió rápidamente a través de los estados del norte después de que los primeros resultados mostraron que Jonathan, un cristiano del sur, estaba ganando.