El Pentágono ha gastado más de 32.000 millones de dólares desde 1995 en 22 programas de armas que resultaron cancelados y abandonados, según un informe elaborado por el Ejército estadounidense que publicó hoy The Washington Post.

Los recortes presupuestarios y las dos guerras en las que se encuentra inmerso Estados Unidos han provocado que el Pentágono suspendiese varios proyectos de modernización militar que ya habían sido iniciados.

Uno de los principales programas afectados fue el Sistema Futuro de Combate (FCS), que de acuerdo al informe significó una pérdida de 19 millones de dólares tras estar operativo de 2000 a 2009, y que buscaba integrar informáticamente todos los elementos bélicos para ofrecer una mejor visión del campo de batalla.

"Desde el 11 de septiembre (de 2001), el Pentágono ha doblado sus programas de modernización -más de 700.000 millones de dólares en la última década- y ha dado como resultado unos avances relativamente modestos en capacidad militar efectiva", dijo esta semana Robert Gates, secretario de Defensa de EE.UU., al reconocer este fracaso.

A comienzos de año, Gates informó que el Pentágono tendría que recortar este año en unos 23.000 millones de dólares su presupuesto, dentro del plan de reducción de gasto planteado por el Gobierno del presidente Barack Obama.

Sin embargo, los analistas han subrayado que más allá de estos recortes, los motivos que se encuentran detrás de la suspensión de estos programas avanzados es que no son fácilmente aplicables a la realidad de las guerras que libran los soldados estadounidenses en Afganistán y Irak, con gran parte de la población civil implicada.

Además, Washington necesita el material bélico de manera inmediata y constante, y los proyectos de investigación exigen tiempo, algo de lo que no está sobrado el Ejército estadounidense.

The Washington Post pone como ejemplo el proyecto de desarrollo del helicóptero Comanche, que, tras casi dos décadas en marcha y un gasto de 6.000 millones de dólares, fue cerrado en 2004.

El Pentágono decidió entonces sacrificar el dinero ya gastado a costa de aprovechar los restantes 15.000 millones presupuestados para llevar a cabo compras de helicópteros que ya se estaban fabricando, como los Apache o Black Hawk y reparar viejos aparatos Chinnok.