La Comisión Europea (CE) presentó hoy una iniciativa para reforzar la identificación del origen de los productos no alimentarios, el "made in", con etiquetas que detallen el recorrido de los mismos desde su creación hasta su consumo final.

El Ejecutivo europeo propuso aplicar estas normas más estrictas de etiquetado a todos los productos, tanto europeos como de terceros países, con el objetivo de reforzar la información y la seguridad de los consumidores.

La iniciativa pretende también reforzar a las industrias de elaboración europeas, ya que obliga a estipular el lugar en el que el producto fue sometido a su transformación principal ("made in" o "hecho en") y permitirá distinguir los fabricados en la Unión Europea (UE) de otros originarios de países como China, por ejemplo.

Esta suerte de "denominación de origen" también facilitará la lucha contra las falsificaciones, ya que las etiquetas reflejarán tanto el lugar de fabricación como todo el recorrido que hace el producto desde su entrada en la Unión hasta que llega a manos del consumidor.

"El consumidor está harto de que le engañen", señalaron a Efe fuentes de la CE al explicar el contenido de la proposición.

Las propuestas legislativas -dos reglamentos, a los que se suma un informe y una comunicación- nacen envueltos en una "batalla" entre los países del norte y del sur de la UE, explicaron las citadas fuentes, y aún tienen que ser aprobados por los Veintisiete en el Consejo y el Parlamento Europeo (PE) para entrar en vigor.

Las iniciativas de etiquetado reforzado son respaldadas por los países del sur como España o Italia, ya que sus artesanos y pequeñas industrias de elaboración, como las del calzado, el textil, los juguetes o las cerámicas, se verían muy beneficiados.

Sin embargo, los países del norte europeo, como Reino Unido, no ven con buenos ojos una propuesta que busca dar más visibilidad al origen de los productos, ya que consideran que se debe poner el acento en favorecer los precios bajos.

Otros como Alemania podrían también presentar resistencias, dado que las etiquetas evidenciarán qué productos de empresas europeas son fabricados en plantas deslocalizadas en terceros países como China, práctica común en parte del sector industrial europeo.

El sector del lujo también se vería beneficiado por las nuevas exigencias de etiquetado, dado que permitiría perseguir con más intensidad a las falsificaciones, motivo por el que Francia estaría a favor de estas medidas.

El vicepresidente de la CE y responsable de Industria, Antonio Tajani, señaló durante la presentación de las propuestas que el etiquetado reforzado permitiría "saber exactamente qué es lo que compra".

Tajani explicó que los fabricantes europeos podrán elegir entre especificar en la etiqueta si el producto proviene de un país concreto, por ejemplo España, o señalar el origen de una manera más general indicando que fue fabricado en la "Unión Europea".

Los distribuidores y productores podrán reflejar esta información etiquetando el propio producto o en un documento que acompañe al mismo.