El exportavoz de la Santa Sede Joaquín Navarro-Valls califica de "muy valiente y muy espiritual" la renuncia del papa Benedicto XVI al pontificado, al faltarle las fuerzas para seguir al frente de la Iglesia católica.

En una entrevista que publica hoy el diario italiano "La Stampa", el español Navarro-Valls, quien fue portavoz vaticano durante 22 años, descarta que la renuncia de Benedicto XVI sea fruto de los escándalos que han salpicado al Vaticano en su pontificado y evita cualquier comparación con la decisión de Juan Pablo II de ser papa hasta su muerte en 2005, a pesar de su deteriorada salud.

"También Pablo VI por razones de edad y Juan Pablo II por motivos de edad y salud se plantearon el problema de renunciar si no se hubieran encontrado en disposición de continuar con su misión. Ambos, sin embargo, habían dejado escrito que la tarea de establecer el impedimento le correspondía a la totalidad de los cardenales", afirma el exportavoz de la Santa Sede.

Por el contrario, añade, "Benedicto XVI, como teólogo y profundo conocedor de las leyes eclesiales, se ha atribuido a él mismo la tarea de decidir. Ha anunciado él mismo de modo lacónico, casi común, una decisión fortísima, histórica. Una decisión muy valiente y muy espiritual".

Navarro-Valls recuerda que el hecho de que en los últimos siglos ningún papa haya renunciado al Pontificado es solo un dato histórico y no jurídico, pues las leyes de la Iglesia permiten esta posibilidad.

"Un canon del código de derecho canónico está expresamente dedicado a la renuncia al Pontificado. No tiene que confundirse la costumbre con la ley. Por supuesto que ahora es evidente la novedad de la situación, al menos en los tiempos modernos", afirma quien fuera portavoz de Juan Pablo II.

"Creo que la decisión del papa Ratzinger no la ha tomado por los escándalos o por las contraposiciones en la Iglesia universal, sino más bien por un propósito madurado a través de su juicio. La falta de cohesión de la Iglesia no ha tenido ningún peso en la decisión de la renuncia, porque tenemos que considerar que ha sido el propio Ratzinger quien ha afrontado y resuelto los escándalos", agrega.

Navarro-Valls recuerda que en la última fase del Pontificado de Juan Pablo II, quien falleció en 2005, notaba las cada vez mayores "dificultades físicas" del papa polaco, pero asegura que el entonces pontífice estuvo "hasta el último momento en disposición de tomar decisiones, gobernar la Iglesia y nombrar obispos".

"Las tareas específicas de un papa nunca las dejó de desempeñar y la incapacidad física de Karol Wojtyla no la sentía como un impedimento para seguir en su ministerio. No es justo hacer comparaciones entre pontífices, cada uno tiene su personalidad y asume de modo autónomo sus propias decisiones. Me remito con confianza a las motivaciones presentadas por Benedicto XVI", dice.

"No tengo dudas de que nadie mejor que él sepa interpretar como gran teólogo la esencia de la Iglesia y su derecho (...) Juan Pablo II, incluso cuando aparecía extenuado, seguía tomando todas las decisiones. Decidía los nombramientos. Tenía la fuerza de ejercer su Pontificado, cosa que ya no tiene Joseph Ratzinger porque es él mismo quien lo admite", apunta.