La policía del estado brasileño de Santa Catarina confirmó hoy que la ola de violencia que afecta desde hace diez días a esa turística región ha sido "ordenada" por bandas que operan desde las cárceles, consideradas "medievales" por el propio Gobierno.

Lo que hasta ahora era solamente una sospecha fue convertido hoy en "absoluta" convicción por el comisario jefe de la Policía Civil de Santa Catarina, Aldo Pinheiro D'Ávila, quien dijo a los periodistas que "no existen dudas" sobre el origen de la ola de vandalismo que en los últimos días se ha regado por ese estado del sur de Brasil.

"No son indicios. Es plena convicción y plena certeza de que la orden para esos ataques, que son próximos al terrorismo, partió de bandas que operan dentro de los presidios", declaró D'Ávila.

Florianópolis, capital de ese estado, y otras ciudades vecinas han sido objeto en los últimos diez días de reiterados atentados contra ómnibus de transporte público, comisarías y estacionamientos, en los que han sido incendiadas decenas de vehículos.

Los ataques ocurren siempre durante la noche y, según balances parciales, esta madrugada fueron incendiados otros dos autobuses y un automóvil particular,

Con estos nuevos incidentes, el número de atentados suma ya 73 en 23 localidades, incluida Florianópolis, un turístico balneario que como el resto de Brasil se prepara para las fiestas de carnaval, que en el país son multitudinarias y llevan a millones de personas a las calles durante el día y la noche.

Para intentar ponerle coto a la violencia, las autoridades han decidido proteger con escolta policial a los autobuses de transporte público y restringir su circulación durante la madrugada, pero eso no ha bastado para controlar la acción de los vándalos.

La violencia recrudeció después de que, el pasado día 2, un canal de televisión local difundió imágenes tomadas dentro de una cárcel en las que se veía a un grupo de presos desnudos y en cuclillas siendo maltratados por numerosos agentes.

Según organismos de derechos humanos, ese tipo de violencia es "habitual" en las cárceles del país, que hasta han sido calificadas de medievales por el ministro de Justicia, José Eduardo Cardozo, quien dijo a fines del año pasado que "preferiría morir" a pasar "muchos años" en una prisión brasileña.

D'Ávila admitió que ese vídeo puede haber contribuido a la ola de violencia, aunque sostuvo que más "determinantes" para la reacción de los presos han sido diversas medidas adoptadas para contener el tráfico de drogas dentro de los presidios.

Dijo además que, durante la última semana, han sido detenidas unas treinta personas sospechosas de participar en los ataques y afirmó que la mayoría tiene contactos con los capos de las bandas que operan en las cárceles.

La situación en Santa Catarina ha generado preocupación en el Gobierno brasileño y llevado al Ministerio de Justicia a ofrecer el envío de agentes de la Fuerza Nacional de Seguridad, un batallón especialmente preparado para hacer frente a desórdenes públicos.

Esa oferta será estudiada por las autoridades de Santa Catarina, que además han solicitado el traslado de decenas de presos de ese a otros estados, a fin de intentar descabezar a las bandas que han nacido en las prisiones.

Las autoridades sospechan que esas bandas tienen vínculos con el llamado Primer Comando de la Capital (PCC), una organización también conocida como "Partido del Crimen", surgida hace más de diez años en cárceles de Sao Paulo y que desde entonces ha propiciado diversas olas de violencia en esa región.

La última ocurrió entre mayo y octubre del año pasado y causó la muerte de cerca de un centenar de agentes de la policía de Sao Paulo, que en muchos casos fueron asesinados cuando no estaban de servicio.

Esa oleada de ataques acabó en Sao Paulo sin explicaciones, tal como había comenzado, pero dio paso a una seguidilla de atentados en Santa Catarina, donde 27 autobuses fueron incendiados en una semana.

Esa coincidencia ha llevado a las autoridades a concluir que existen nexos entre el PCC y mafias que operan en las prisiones de Santa Catarina y a temer que ese estado sea un nuevo tentáculo de la banda paulista, que ha tenido vínculos hasta con narcotraficantes paraguayos.