La Guardia Civil ha subrayado hoy la falta de garantías sanitarias con la que el médico Eufemiano Fuentes manejaba la sangre que extraía a los ciclistas, ya que en los registros se encontró una nevera común sin indicador de temperatura y documentación "mezclada" y "completamente desordenada".

Así lo ha manifestado el primero de los miembros del instituto armado que ha declarado como testigo en el juicio de la Operación Puerto, el teniente de la Sección de Consumo que instruyó el atestado de la investigación y que participó en los registros practicados en la consulta de Fuentes, en la calle de Alonso Cano, y en una vivienda propiedad de sus padres también en Madrid.

En la cocina del primero de los pisos, que Fuentes había alquilado a su cuñado, los guardias civiles se encontraron con una nevera común sin indicador de temperatura y sin ningún mecanismo alternativo para el caso de que se fuera la luz, en la que se conservaban varias bolsas de sangre identificadas mediante la fecha de extracción, un código numérico y "acrónimos o alias".

El testigo ha insistido en que ni en ese piso ni en el de los padres de Fuentes, en la calle Caídos de la División Azul, se encontró documentación que permitiera relacionar las bolsas de sangre con los donantes o destinatarios de las mismas y que ni Fuentes ni su socio, José Luis Merino, tenían una lista con los nombres y apellidos de los deportistas a los que trataban.

El guardia civil ha seguido contando que en la vivienda de la calle de Caídos de la División Azul había dos arcones frigoríficos, uno de ellos -el que albergaba las bolsas de sangre- "comprado recientemente en El Corte Inglés" y que sí disponía de un indicador de temperatura -marcaba 35 grados bajo cero-, pero ningún mecanismo alternativo en caso de un corte de luz.

Durante su declaración la semana pasada, Fuentes no contestó cuando se le preguntó cómo podía garantizar que la sangre se conservara a temperatura estable, pero sí dijo que los arcones estaban conectados a un temporizador que, en caso de que se hubiera ido la luz, les habría indicado esta circunstancia.

El médico añadió que, aunque nunca ocurrió, si hubieran comprobado que los arcones habían estado sin energía durante un tiempo prolongado se habrían deshecho de las muestras de sangre.

Hoy, el teniente de la guardia civil ha subrayado que tanto el piso de Alonso Cano como el de Caídos de la División Azul pasaban muchos días sin que nadie los visitara, ya que las personas que accedían a ellos -Fuentes, su socio José Luis Merino y el exciclista Alberto León- viajaban frecuentemente.

Además, ha dicho que para alguien ajeno a la trama era imposible identificar a quién pertenecía la sangre de las muestras, porque no existía un registro con los nombres y apellidos de los donantes, sino solo códigos numéricos y alias, y que además no se indicaba de ningún modo si el donante padecía enfermedades infecciosas o cualquier otro tipo de dolencia.

También ha manifestado que la documentación intervenida en los registros estaba "mezclada" y "completamente desordenada" y que no había fichas ni historiales médicos "como los que esperas encontrar en una consulta".

Por último, el miembro del instituto armado ha señalado que durante los traslados que sufrían las bolsas -desde el punto de extracción a Alonso Cano, de allí a Caídos de la División Azul, de vuelta a Alonso Cano y de ahí al punto de reinfusión- no se utilizaban neveras habilitadas para el transporte de muestras biológicas, sino mochilas térmicas.

"Como las que uno se lleva a la playa para conservar frías las bebidas", ha concluido.