Decenas de inmigrantes subsaharianos permanecen en los bosques del este de Marruecos, en las cercanías de la frontera argelina, en medio del hambre y el frío, soñando con poder cruzar algún día a Europa pero dedicados básicamente a sobrevivir.

Con el comienzo de cada invierno, activistas humanitarios marroquíes se movilizan para recolectar ayudas y asistir a los subsaharianos para combatir el intenso frío y la falta de lo más básico.

La ciudad de Uxda y sus cercanías, junto a la frontera argelina, es el lugar donde la policía concentra a los emigrantes subsaharianos que va arrestando en diferentes ciudades del país para luego expulsarlos a Argelia, pero lo habitual es que regresen a Marruecos y que muchos terminen siendo expulsados una segunda y hasta tercera vez.

Según el gobierno marroquí, cada año entran ilegalmente 200.000 emigrantes al país, con intención de cruzar hacia Europa, aunque solo una mínima parte lo consigue.

La Fundación Oriente-Occidente en coordinación con la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH) han elaborado un programa para repartir cada fin de semana ropa y alimentos en los diferentes campamentos de refugiados esparcidos en el bosque Hay Esalam, Sidi Maafa y cerca de la muralla de la ciudad universitaria, situados en el sur de Uxda.

El representante de la AMDH en Uxda y especialista en emigración, Hasán Amari, comentó a Efe que además de la aportación de alimentos, los activistas coordinan la recolección de ropa y mantas donados por las familias marroquíes u organismos de estudiantes subsaharianos instalados en Uxda.

Los activistas humanitarios se desplazan en largos recorridos de un campamento a otro -unos en coche y otros a pie- para repartir alimento y ropa, comenzando por los campamentos donde hay mujeres embarazadas o niños.

Austin, un nigeriano de 35 años que pasó cuatro años de ilegal en España antes de ser repatriado a su país y que desde allí ha vuelto a hacer "la ruta del norte", explica a los activistas las necesidades más acuciantes y los problemas para conseguir medicamentos gratuitos.

Según Austin, las precarias tiendas en las que viven, hechas de plástico y mantas raídas, no sirven para protegerles del intenso frío invernal; esto, unido al hambre de cada día, les hace más propensos a enfermedades.

La obsesión por conseguir una manta para abrigarse o algo de alimento se impone muchas veces al sueño de llegar hasta Europa, y son muchos los emigrantes que ya han tirado la toalla y tratan sencillamente de lograr una vida digna en Marruecos.

"Quiero vivir en mejores condiciones y en un hogar, no me importa dónde o en que país" dice Marie, una camerunesa de 32 años, discapacitada, que tras ser abandonada por su familia en Douala, se atrevió a atravesar cuatro países en su silla de ruedas confiando en la ayuda de chóferes o compañeros de viaje apiadados de su condición.

Marie, que lleva seis meses esperando la respuesta del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados que trata su caso, ejerce como cocinera en una carpa convertida en "restaurante" del campamento, y con esos ingresos sobrevive.

Hay varios campamento, organizados en función de la nacionalidad o de la pertenencia tribal de los emigrantes, que buscan entre sus pares aquellos que comparten sus tradiciones, ritos y formas de vida, muy distintos de país a país y de etnia a etnia.

"Cada campamento es un pequeño estado dentro de otro" comenta a Efe el representante de la AMDH en Uxda, Hasán Amari. En general se ha establecido un reparto de tareas que hace que las mujeres se dediquen a la mendicidad mientras que los hombres buscan pequeñas actividades como jornaleros o hacen de vendedores ambulantes.

No faltan en cada campamento los especializados en buscar el agua, un "tesorero" encargado de las cuestiones financieras y otro encargado de las necesidades religiosas (según sean cristianos o musulmanes). Por encima de todos existe un "chairman" o presidente.

Según las cifras de la AMDH, en 2012 fueron expulsados 2107 subsaharianos hacia Argelia, entre ellos 33 mujeres y 86 menores, aunque Amari precisa que la cifra es relativa porque una buena parte de ellos son reincidentes.

Los nigerianos son la mayor comunidad de inmigrantes ilegales, seguidos de los cameruneses y los marfileños. Aunque sean la excepción, han llegado a detectarse junto a ellos a bangladeshíes y lituanos, que tratan de entrar en Europa occidental por las vías más insospechadas.

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Fátima Zohra Bouaziz