Las provincias septentrionales de Gao y Tombuctú, bajo control salafista desde mediados del año pasado, podrían ser liberadas en "menos de un mes" si el apoyo recibido por Mali se mantiene, afirmó hoy el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de ese país, Ibrahima Dahirou.

Así lo expresó Dahirou en una entrevista a la emisora RFI, en la cual apuntó tanto que las fuerzas de Nigeria y de Chad podrían llegar en menos de 30 días a Gao, como que la intención del "elemento enemigo" es retirarse hacia las colinas, a la altura de la localidad de Aguelhoc.

La operación contra los grupos salafistas que controlan el norte comenzó el 11 de enero, después de que esos grupos intensificaran su ofensiva hacia el resto de la nación y amenazaran con tomar la capital, y según admitió Dahirou, sus integrantes tenían más medios de los que se pensaba.

"Diría incluso que se subestimó al enemigo, que tenía más medios y más equipos. Sin la intervención de los socios franceses, los hermanos de las fuerzas aéreas galas, era difícil aguantar", indicó el general.

Su entrevista se produce un día después de haber conseguido retomar el control de Diabali y Douentza, lo que a su juicio constituye "un punto de inflexión importante", con el que se consiguió en Diabali neutralizar a "todos los vehículos y elementos enemigos".

El apoyo de helicópteros de combate en esta nueva fase de la ofensiva ha sido importante, según destacó, y el objetivo ahora, después de la recuperación de esas dos ciudades, es "la liberación total de las regiones del norte de Mali".

Y dentro de esa misión advirtió de que cualquier soldado maliense que cometa exacciones contra la población civil será "inmediatamente" sacado del terreno para ser llevado hasta Bamako, por mandato de un tribunal militar que le juzgará y le pondrá a disposición de la Justicia civil.

Dahirou aseguró no tener constancia de que se estén llevando a cabo ejecuciones extrajudiciales por parte del Ejército de Mali, tal y como han denunciado algunas ONG internacionales, en referencia a lo sucedido en un barrio de Mopti en el que "varias decenas de cadáveres" de supuestos rebeldes habrían sido volcados en pozos por soldados.

"No podría decir que sea cierto, porque cualquiera puede hacerse con un uniforme. De ahí nuestro temor de que elementos incontrolados quieran crear problemas al Ejército maliense", concluyó Dahirou, que no descartó que "se cometan actos de ese tipo para atribuírselos a las fuerzas armadas".