El Gobierno de Japón aprobó hoy un gran paquete de estímulo económico por más de 170.000 millones de euros, con el que quiere crear unos 600.000 empleos y sumar 2 puntos al crecimiento del debilitado producto interior bruto (PIB) nipón.

Se trata del primer plan económico de emergencia del primer ministro japonés, Shinzo Abe, que llegó al poder el pasado diciembre después de que su formación, el conservador Partido Liberal Demócrata (PLD), arrasara en las elecciones generales y acabara con tres años de Gobierno del Partido Democrático (PD).

Este contundente paquete de estímulo incluye una inversión del Gobierno central por valor de 10,3 billones de yenes (unos 87.200 millones de euros), la mayor partida de gasto público desde el año fiscal 2009, cuando Japón trataba de sobreponerse al impacto de la crisis desatada por la caída de Lehman Brothers.

Las medidas aspiran a lograr un crecimiento económico sostenible con el impulso de la inversión privada, la mejora de la competitividad de las empresas niponas, el fomento de las infraestructuras y la reconstrucción de las zonas asoladas por el tsunami de 2011.

Los proyectos de obras públicas son precisamente uno de los grandes pilares del plan de estímulo, que destina a este apartado unos 3,8 billones de yenes (32.000 millones de euros millones de euros) para hacer crecer la economía.

La fórmula de invertir en nuevas infraestructuras ya la utilizó en el pasado el PLD (que llevó las riendas de Japón durante más de medio siglo hasta 2009), lo que a corto plazo sirvió para bombear la economía pero se tradujo en aeropuertos inservibles y modernas autopistas en áreas remotas apenas transitadas.

Esta estrategia contribuyó además a inflar la deuda pública de Japón hasta convertirla en la mayor del mundo industrializado (asciende a más del doble del PIB), aunque lo que la diferencia de de otros países es que, en su mayoría, está en manos de acreedores locales.

El plan de estímulo anunciado hoy se financiará con un presupuesto adicional por 13 billones de yenes (111.000 millones de euros) que se espera sea aprobado en el Parlamento a principios de febrero y que obligará a Japón a emitir nueva deuda por unos 5 billones de yenes (42.000 millones de euros).

Pese a ello, Abe insistió hoy, en una rueda de prensa al término de la reunión de su Gabinete, en que contar con una economía fuerte es fundamental para la consolidación fiscal del país.

"Tenemos que poner fin al hundimiento de la economía", dijo el primer ministro, antes de subrayar que es "sumamente importante" poner fin a la deflación endémica que atenaza Japón y combatir la fortaleza del yen, que perjudica seriamente a los exportadores.

El responsable de la principal patronal de Japón (Keidanren), Hiromasa Yonekura, mostró su satisfacción por el "oportuno" paquete de estímulo y confió en que sus efectos se dejen sentir pronto.

El anuncio del millonario plan de revitalización fue también aplaudido por el mercado en un día en que el yen volvió a depreciarse frente al dólar, que llegó a tocar su máximo en unos dos años y medio en Tokio al intercambiarse temporalmente a 89,35 yenes.

El euro también ganó fuerza y alcanzó brevemente los 118,58 yenes, su nivel más alto desde mayo de 2011.

El respiro que ello supone para los grandes exportadores nipones y la esperanza de que el Banco de Japón adopte nuevas medidas de flexibilización monetaria en su próxima reunión mensual hicieron que el Nikkei cerrara hoy por encima de los 10.800 puntos, su nivel más alto desde febrero de 2011.

Además de aprobar este plan, la administración de Shinzo Abe -que ya llevó las riendas de Japón entre 2006 y 2007- ha asegurado que trabajará para estrechar la cooperación con el Banco de Japón a fin de que tome medidas firmes para combatir la deflación.

El nuevo primer ministro, que tomó el relevo de Yoshihiko Noda, un férreo defensor de la disciplina fiscal, logró una aplastante victoria en las elecciones del 16 de diciembre con la promesa de mejorar la maltrecha economía nipona, que se encuentra bajo la sombra de una recesión técnica.