El Frente Al Nusra, uno de los grupos rebeldes más activos de Siria, ha conseguido hacerse fuerte en las zonas "liberadas" del país, donde cuenta con un amplio respaldo popular pese a las suspicacias que despierta su ideología "yihadista".

Efe pudo comprobar, en los feudos del Frente en la provincia de Alepo, el hermetismo que rodea al grupo -al que Estados Unidos ha incluido en su lista de organizaciones terroristas-, pero asimismo el apoyo social que reciben sus combatientes.

En la aldea de Metro, al final de una pendiente que lleva hasta un barranco pronunciado, dos hombres dan buena cuenta de un pescado frito, un auténtico manjar en estos tiempos de privación en Siria.

Uno de ellos es el "emir" del campamento local del Frente Al Nusra (cuyo nombre completo en español es Frente de Apoyo al Pueblo del Levante), un grupo conocido por la audacia de sus acciones, sus grandes atentados con explosivos y su integrismo religioso.

Con una sonrisa amable, ofrece al periodista compartir su comida, pero declina ser entrevistado o fotografiado.

Se trata de una seña de identidad del grupo: su máximo líder, Abu Mohamed al Golani, tampoco ha sido retratado y muy pocos admiten haberlo conocido en persona.

Un activista opositor, Mahmud Asaf, explica a Efe que la relación entre los miembros del Frente y la población se limita a lo necesario, aunque está siempre presidida por la cordialidad.

"La organización prohíbe a sus combatientes llevar armas cuando se encuentran entre los civiles y tienen que respetar la cola para comprar el pan, como todos", relata.

Asaf explica que el grupo aportó más de 4.000 litros de combustible diesel en la vecina localidad de Kafer Halab para hacer funcionar al horno de pan, lo que consiguió que los precios bajasen diez veces respecto a otras zonas del norte del país.

El Frente ofrece a combatientes y a civiles conferencias de carácter militar y religioso, como señala a Efe Ahmed Mazaq, miliciano de otro grupo islamista.

"Yo mismo asistí a una lección religiosa sobre la ética del combatiente musulmán, dictada en la mezquita por un joven argelino", recuerda.

Desde el inicio de su actividad en Siria, a finales de 2011, el Frente Al Nusra ha adquirido una buena reputación entre los sublevados, al margen de sus tendencias.

"El mundo nos ha dejado solos, no nos ha ayudado nadie, ni siquiera quienes se autoproclaman como Amigos de Siria. ¿Quién nos va a impedir dar la bienvenida a Al Nusra o a quienquiera que nos defienda de un régimen salvaje?", se pregunta el joven Asaf.

Un capitán del Ejército Libre Sirio (al que no pertenece el Frente Al Nusra), Nayi Mustafa, asegura haber colaborado en dos ocasiones con el grupo islamista, una de ellas en la batalla contra el temido Regimiento 46, cerca de la ciudad de Alepo.

Al Nusra mantiene relaciones "excelentes" con varias brigadas del ELS, según Mustafa, que agrega que los miembros de esa organización participan en todas las batallas a las que son invitados y disponen de municiones suficientes para equiparse a sí mismos.

La estima de los rebeldes por el Frente viene condicionada por su osadía en el campo de batalla, como reconoce el soldado desertor Hisham Mauas, que considera que los "yihadistas" luchan con "una valentía que no tienen muchos combatientes del ELS".

El Frente trata de reclutar a los mejores combatientes rebeldes, de acuerdo con los criterios de "una ética noble, experiencia bélica y la disposición a morir en sacrificio de Dios", explica.

Sin embargo, tras ese reconocimiento, se esconden las dudas acerca del papel que pueden asumir los grupos extremistas islámicos en el futuro de un país sin Bachar al Asad.

El activista Asaf, que se declara laico, confiesa su preocupación por que los radicales intenten alzar sus armas contra el pueblo para obligarle a aceptar sus posiciones políticas y religiosas.

Si llega a suceder eso, reconoce el capitán Mustafa, "lucharemos contra ellos, porque estamos del lado del pueblo, y peleamos por que la gente pueda elegir su forma de vida en el futuro".

Una de las acusaciones más frecuentes contra el Frente es la presencia de "yihadistas" extranjeros en sus filas, que para Mustafa no es en absoluto comparable al número de sirios enrolados en él.

Sin embargo, las organizaciones opositoras que informan sobre el terreno, como el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, dan cuenta a diario de la muerte de numerosos combatientes extranjeros.

En el tiempo que el periodista de Efe compartió con el "emir" de Al Nusra en la aldea de Metro, un niño con fisonomía de Asia Central salió de una casa cercana, mientras que otro joven, de apariencia afgana, se dirigió al cabecilla en un árabe precario.

Un profesor, llamado Abu Saleh, contó a Efe la historia de un médico alemán convertido al islam, que vendió la clínica que dirigía en su país y se alistó entre los milicianos de Al Nusra.

"Este joven abandonó su exitosa carrera profesional y personal y vino a morir en mi defensa. ¿Como me vas a convencer de que este hombre tiene la intención de sabotear mi patria?", se pregunta.

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Por Suliman al Asad

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