Las autoridades del Gobierno central de Bagdad y del Kurdistán iraquí tienen previsto reunirse mañana para intentar poner fin a la tensión desatada en las zonas en conflicto entre ambas partes, que ha derivado en una crisis política.

El encuentro debería haberse celebrado el domingo pasado, pero finalmente fue aplazado hasta este miércoles por "razones técnicas y administrativas, y no políticas", según el miembro de la Alianza Kurda, Shawan Mohamed Taha.

Taha explicó recientemente que el objetivo de esta reunión es solucionar los problemas de seguridad en algunas zonas del país y la firma de un acuerdo entre Bagdad y Erbil (capital del Kurdistán) para administrar esas aéreas convulsas.

Otro dirigente kurdo, Mahmud Osman, sostuvo que ese futuro acuerdo ha sido aceptado de manera preliminar por el primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, y el presidente del Kurdistán, Masud Barzani.

Según Osman, el texto que ambas partes piensan suscribir está compuesto de catorce artículos que organizan la administración de la seguridad y los puestos de control en tales áreas.

Además, se estipula la retirada gradual de las fuerzas de seguridad de las zonas en conflicto y la coordinación entre la milicia kurda "peshmerga" y el Ejército central.

Para el analista político Ibrahim al Yaburi, la crisis entre Erbil y Bagdad se dirige hacia una solución, ya que Al Maliki ha sido "más flexible" con los kurdos que con los suníes al "no poder tratar dos crisis al mismo tiempo".

Al Yaburi se refería a las protestas que desde la semana pasada se han desarrollado en algunas provincias suníes, sobre todo en la de Al Anbar, tras el arresto de varios escoltas del ministro de Finanzas iraquí, Rafea al Isaui.

Los manifestantes exigen reformas políticas y la liberación de esos y otros detenidos, al tiempo que acusan al Gobierno de Al Maliki de marginar a los suníes.

El primer ministro "no puede tratar dos crisis, una con los suníes y la otra con los kurdos, porque sus enemigos le pueden acusar de querer permanecer en el poder", argumentó Al Yaburi.

En el caso del Kurdistán, el punto de mira está en Kirkuk, centro de una rica zona petrolera y ciudad de una variada población de origen árabe, kurdo, turcomano y cristiano que coexiste con dificultad.

La zona tiene un estatus especial, aunque el Gobierno autónomo del Kurdistán la viene reclamando junto con otras áreas, a lo que se han opuesto las otras comunidades y Bagdad.

La tensión entre el Gobierno central y la región autónoma kurda ha aumentado desde que el primero formase una fuerza militar para Kirkuk, algo rechazado firmemente por las autoridades en Erbil.

En respuesta, las fuerzas "peshmerga" mandaron refuerzos adicionales a esa zona, pese a las advertencias del Gobierno central.

Por si esto no fuera poco, una persona murió y ocho soldados resultaron heridos el pasado 16 de noviembre cuando estallaron choques entre las fuerzas militares de ambas partes cerca de una sede de la Unión Patriótica del Kurdistán.

Estos sucesos deterioraron aún más las relaciones entre Al Maliki y los kurdos, que no tardaron en enviar por separado más refuerzos militares a las zonas en disputa.

Además, la crisis se agudizó cuando el jefe de Gobierno iraquí criticó a los kurdos por comprar armas a Rusia, "obstaculizando" así los planes de armamento del Ejército iraquí.

En medio de una escalada de acusaciones mutuas, el presidente iraquí, Yalal Talabani, desempeñó un papel conciliador y sus esfuerzos sirvieron para que Al Maliki invitase a una delegación del Kurdistán a reanudar las conversaciones y elaborar una Constitución para resolver el conflicto.

El miércoles pasado, esa delegación kurda se reunió con altos cargos en la capital iraquí, después de lo cual el ministro de Defensa, Sadun al Dulaimi, anunció un acuerdo preliminar que ofrece una "solución global" a la crisis política que será firmado por las dos partes. Shalan Yaburi