Japón ejecutó la pena capital a siete reos durante este año, mientras que el número de presos en el corredor de la muerte ascendió a la cifra récord de 133 condenados, informó hoy la cadena nipona NHK.

Japón, el único país industrializado y democrático junto con Estados Unidos que mantiene la pena de muerte, ejecutó a dos reos en agosto, tres en marzo y dos en septiembre de este año, mientras que en 2011 no se sentenció a ningún preso y en 2010 se ajustició a dos condenados.

El nivel de condenas ejecutadas este año tiene como precedente 2009, cuando también se ahorcó a siete reos, y se sitúa como el segundo mayor índice después de 2008, cuando el Gobierno ejecutó a 15 condenados.

En total, el Gobierno saliente del Partido Democrático (PD), que accedió al poder en 2009 y dejó el cargo el pasado 26 de diciembre, ajustició a 9 reos, a pesar de haber iniciado una moratoria no oficial que duro tan solo veinte meses.

Además, en 2010 el Ministerio de Justicia creo un panel de expertos con el objetivo de organizar un debate público sobre la pena capital que se disolvió este año.

Desde 2009, han sido condenados a la pena de muerte 15 infractores, tres de los cuales ya han sido ejecutados en la horca, método que emplea Japón en secreto, sin aviso previo ni testigos.

Según un sondeo oficial realizado ese mismo año, más del 85 % de la población japonesa apoya la pena capital y la considera una medida "inevitable", ante la protesta de las organizaciones humanitarias y diversos grupos de ciudadanos.

La última gran movilización se produjo a primeros de octubre, cuando cerca de 280 personas se manifestaron en Tokio, diez días después de la ejecución de los dos últimos reos y en vísperas de la celebración del Día Mundial Contra la Pena de Muerte.

Expertos consultados por NHK consideran que la prioridad para retomar el debate pasa por que el Gobierno ofrezca a los ciudadanos mayor información a cerca de las ejecuciones.

Según la organización humanitaria Amnistía Internacional (AI), el sistema judicial nipón es lento y la mayor parte de los reos pasan sus días en el corredor de la muerte en condiciones inhumanas, recluidos en solitario y algunos con graves problemas mentales.