Miles de iraquíes suníes se manifestaron hoy en la provincia occidental de Al Anbar para pedir la liberación de los escoltas del ministro de Finanzas, Rafea al Isaui, detenidos la semana pasada, lo que ha desatado una nueva crisis política en Irak.

En estas manifestaciones, participaron Al Isaui, el presidente de la formación Al Iraquiya en el Parlamento, Salman al Yamili, y un grupo de diputados suníes de la provincia de Al Anbar.

"Estas manifestaciones no son sectarias, ya que no distinguen entre suníes, chiíes, árabes, kurdos o turcomanos sino que solo rechazan la injusticia", dijo Al Isaui en un discurso durante las marchas, retransmitido por la televisión Bagdad.

Desde hace cuatro días, los manifestantes de Al Anbar mantienen una acampada que ha bloqueado la autovía que conduce a Siria y Jordania para presionar en sus demandas.

Los manifestantes amenazaron con pedir la caída del gobierno central de Bagdad, encabezado por el chií Nuri al Maliki, en caso de que no se cumplan sus demandas.

El pasado 21 de diciembre, Al Isaui, acusó a Al Maliki de estar detrás de la detención de varios de sus escoltas y de querer originar una nueva crisis política en el país.

Al Isaui aseguró que las "milicias" de Al Maliki habían arrestado a varios de sus guardaespaldas y que el primer ministro le prometió intervenir para solucionar el asunto, pero poco después fueron detenidos 150 guardias del ministerio de Finanzas.

Además de esta crisis en la provincia de Al Anbar, el Gobierno de Bagdad mantiene un contencioso con la región autónoma del Kurdistán iraquí.

Sobre este caso, el Ministerio de Peshmerga -las milicias armadas kurdas- informó hoy de que aún se desarrollan negociaciones con líderes del Ejército iraquí para conseguir soluciones a la crisis militar en las zonas en disputa entre ambas partes.

La tensión entre los ejecutivos central de Bagdad y autónomo kurdo se incrementó después de que el primero formó una fuerza militar para la ciudad de Kirkuk, que fue rechazada firmemente por Erbil.

En respuesta, las fuerzas de peshmerga mandaron refuerzos adicionales a esta zona, pese a las advertencias del Gobierno central.

Kirkuk, centro de una rica zona petrolera y ciudad de una variada población de origen árabe, kurdo, turcomano y cristiano que coexiste con dificultad, tiene un estatus especial, aunque el Gobierno autónomo del Kurdistán la reclama junto con otras áreas, algo a lo que se oponen las otras comunidades y Bagdad.