El caso del australiano Julian Assange, fundador de Wikileaks, se encuentra en un aparente estancamiento, según expertos, cuando mañana se cumplen seis meses de su entrada en la Embajada de Ecuador en Londres en busca de refugio.

El Gobierno del presidente Rafael Correa le concedió asilo en agosto por considerar que Assange no había recibido garantías de los Gobiernos de Reino Unido y Suecia (donde se lo investiga por presuntos delitos sexuales) de que no será extraditado finalmente a EE.UU., donde considera que su vida correría peligro.

El australiano sigue a la espera de que el Reino Unido le otorgue un salvoconducto para salir de la embajada o alguna otra solución a su situación, pues si abandonara ahora la legación diplomática los agentes británicos que la custodian lo detendrían.

El analista político y catedrático ecuatoriano Hernán Reyes cree que, al menos a la luz pública, hay un "estancamiento de los canales diplomáticos".

"No veo ninguna señal" por la vía diplomática que EE.UU., Reino Unido, Suecia o Australia "estén haciendo nada porque cambie el escenario" por lo que el tiempo que puede pasar en la legación es indeterminado, dijo Reyes a Efe al apuntar que Ecuador "es el único que ha hecho y sigue haciendo lo que debe hacer".

Para Reyes, el caso dio "visibilidad" a Correa a nivel internacional por su posición en un asunto que levanta pasiones, ha hecho correr mucha tinta y en torno al cual también se reeditó el tema de la unidad regional y la defensa de la soberanía.

Los países integrantes de la Alianza Bolivariana para Nuestra América (ALBA) y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) respaldaron a Ecuador en su rechazo a lo que consideró una "amenaza" del Reino Unido de sacar a Assange por la fuerza de la Embajada.

El también catedrático y analista político Eduardo Santos dijo que el caso de Assange demostró "que hay en América del Sur un renacimiento de utopías con tintes muy variados ideológico y políticos" con aires socialistas, unos "muy radicales, antiimperialistas" y otros "con un perfume socialdemócrata".

Para Santos, Ecuador "quedó fortalecido" en el sentido de que "hizo respetar los principios universales del derecho internacional y eso demostró que hay solidaridad, que en América Latina y El Caribe no se ha perdido la perspectiva histórica de defender algo tan fundamental como es el derecho de asilo".

El caso también ha desatado polémica en torno a la libertad de expresión pues Assange alega ser perseguido por "publicar la verdad" y ha pedido asilo en un país, Ecuador, donde organizaciones internacionales de derechos humanos dicen que la libertad de expresión está amenazada.

"Es una ironía que el símbolo de la libertad informativa y de las filtraciones a los periódicos se refugie en la embajada del Ecuador, el país de América Latina que más está combatiendo a la libertad de expresión", dijo recientemente a Efe Gonzalo Ortiz, decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Comunicación de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE).

Pero Correa rechaza las acusaciones y afirma que su meta es frenar los abusos de cierta prensa que, en su opinión, solo sirve a los intereses económicos de sus propietarios.

Al mismo tiempo, ve con buenos ojos a Assange, que al frente de Wikileaks ha sido responsable de la publicación de miles de documentos secretos embarazosos de Estados Unidos.

Mientras se mantiene la polémica en torno a WikiLeks y Assange, su abogado, el exjuez español Baltasar Garzón, dijo en noviembre a Efe que el exhacker australiano "está peor que en una prisión" en la embajada, pero no se arrepiente de refugiarse en ella.

"En un centro penitenciario tienes unas posibilidades de comunicación, de movilidad, incluso de beneficios que Julian Assange no tiene", aseveró Garzón.

Assange ocupa desde junio una habitación en la legación ecuatoriana, con una cama, una mesa y una estantería, "y ahí se acaba su mundo", explicó el letrado.