Hartos de la rampante corrupción en su país, miles de jóvenes afganos se han unido para realizar carreras de protesta en distintos puntos e intentar concienciar así a la población sobre este mal endémico.

La iniciativa arrancó la semana pasada y ha sido impulsada por la ONG Red Afgana Anticorrupción (AACN), que hoy lanza la movilización en las ciudades norteñas de Mazar-i-Sharif y Faizabad, segunda etapa de una protesta que concluirá el próximo 21 de diciembre.

Ataviados con camisetas blancas reivindicativas y coloridas mallas largas, casi un millar de chicos y chicas afganos se calzaron las zapatillas deportivas el pasado viernes en las regiones de Bamiyán (norte) y Herat (oeste).

Gritando soflamas de "abajo la corrupción y los sobornos", los jóvenes recorrieron unos cinco kilómetros bajo el frío del invierno afgano en zonas situadas en las inmediaciones de los aeropuertos de esas provincias.

"La corrupción es un gran desafío en Afganistán y crea mucha distancia entre el Gobierno, el pueblo y los aliados internacionales", criticó en declaraciones a Efe el presidente de la AACN, Mohamad Shafiqulá Hamdam.

"Impide directamente el desarrollo del país", lamentó.

La ONG recibe su fuerza del apoyo de voluntarios de la sociedad civil, la prensa y otras organizaciones privadas, y pretende que la protesta coja peso para convertirse poco a poco en un movimiento nacional de envergadura.

Después de las carreras de hoy, la protesta tendrá una prueba de fuego en la última etapa, que se desarrollará la próxima semana en dos de las zonas más calientes de Afganistán, las ciudades de Kandahar (sur) y Yalalabad (este), donde la insurgencia tiene mayor influencia.

"Es importante que todo el mundo sea sensible a la corrupción y diga que no a ella", afirmó Hamdam, que opinó que solo se pueden conseguir "cambios reales" en la actitud de la gente "luchando abiertamente contra las prácticas corruptas".

Parece difícil, sin embargo, que este tipo de medidas puedan obtener algún resultado en un país donde la administración se ve continuamente salpicada por escándalos de corrupción que beben de la cuantiosa ayuda internacional que recibe Afganistán.

Según la ONG local Integrity Watch, una de cada siete personas paga sobornos a las autoridades que, en ocasiones, suponen incluso un tercio de los exiguos salarios mensuales.

Un organismo público anticorrupción difundió el pasado mes un informe según el cual el Gobierno interfirió para que la Fiscalía cambiara las acusaciones relativas al fraude del Banco de Kabul, el mayor escándalo financiero de la historia del país.

La institución estuvo a punto de colapsarse en 2010 cuando cientos de clientes acudieron a la vez a retirar sus fondos de la entidad, tras saberse que dos de sus directores ejecutivos habían dimitido por malversación de fondos.

Actualmente está en marcha un juicio en Kabul para determinar responsabilidades.

No obstante, solo están imputados trabajadores del banco, pese a que dos investigaciones acusaron del fraude, valorado en 935 millones de dólares, a accionistas de la elite política o a una compañía aérea que ayudó a llevar el dinero al extranjero.

Ante las incesantes críticas de la comunidad internacional, el presidente afgano, Hamid Karzai, acometió este mismo año reformas en la administración, pero las medidas han sido tachadas de cambios cosméticos.

En opinión del joven Masoud Hemat, un estudiante universitario implicado en las protestas, "el Gobierno afgano está totalmente infectado, por lo que es muy complicado que salga de ese círculo vicioso".

Hemat dijo a Efe que las autoridades "deberían incitar a las generaciones futuras a trabajar honestamente por el país ya que para los ancianos es difícil cambiar la actual mentalidad de aceptar y pagar sobornos", una práctica percibida como "normal".

"Seguiremos lanzando más campañas contra la corrupción en otras provincias para superar los desafíos. Si el Gobierno no cambia, la nación le obligará hacerlo", subrayó.

Fawad Peikar