La Unión Africana (UA) ha condenado la intervención militar maliense, al arrestar y forzar a dimitir ayer al hasta ahora primer ministro de Mali, Cheick Modibo Diarra, y a su Gobierno.

En un comunicado difundido hoy, la presidenta de la Comisión de la UA, Nkosazana Dlamini Zuma, exigió "la subordinación total del Ejército y de las Fuerzas de Seguridad al poder civil" y manifestó "la determinación de la UA de velar de forma escrupulosa por la legalidad constitucional".

Dlamini Zuma apostó por el pronto establecimiento de un gobierno incluyente en Mali que logre la restauración de la autoridad estatal y la organización de instituciones transparentes, libres y creíbles.

En este sentido, la UA urgió a los actores en la crisis de Mali a que se unan para terminar con la inestable situación que atraviesa ese país de África occidental.

El ente panafricano realizó "un llamamiento a los malienses (para que se unan) en torno a los temas fundamentales, y subraya la importancia de convocar consultas nacionales para avanzar en la hoja de ruta que guíe la transición".

Asimismo, la UA aseguró que mantiene contactos sobre la crisis en Mali con varios actores internacionales, incluida la ONU, y la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO), que ayer condenó la actuación militar que forzó la dimisión de Diarra.

El Consejo de Paz y Seguridad de la UA se reunirá el jueves en la sede de la organización, en la capital etíope, para debatir la evolución de la situación en Mali.

Modibo Diarra renunció a su cargo tras ser detenido por militares fieles a Amado Haya Sanogo, el líder golpista que el pasado 22 de marzo derrocó al presidente Amado Tumani Turé.

Horas después, el presidente de Mali, Dioncounda Traoré, designó a Django Sissoko, antiguo consejero presidencial, nuevo primer ministro del país.

Sanogo acusó ayer al ministro dimisionario de haberse convertido en un "obstáculo", de no haber mostrado "ningún respeto por el pueblo" y de "no haber respetado al presidente de la transición", y aseguró que el nuevo Gobierno verá la luz en una semana.

Mali se encuentra sumido en una profunda crisis desde el pasado 22 de marzo, cuando un golpe de Estado perpetrado por miembros del Ejército maliense derrocó al presidente elegido democráticamente, Amado Tumani Turé.

Con esa acción, los militares protestaban por la escasa atención que prestaba el Gobierno de Mali a la rebelión de los tuareg en el norte del país, pero el golpe de Estado no hizo más que agravar la situación en esa zona.

Aprovechando el vacío de poder en Bamako tras el derrocamiento de Turé, el Movimiento Nacional de Liberación de Azawad (MNLA) proclamó el pasado abril unilateralmente la independencia de la región septentrional de Mali, que abarca una superficie de 850.000 kilómetros cuadrados.

Sin embargo, diversos grupos yihadistas como Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), MUYAO o Ansar Al Din se han hecho fuertes en la región, cuyo control han arrebatado a los tuareg y en la que han establecido una versión rigorista de la ley islámica.

Según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), el conflicto del norte de Mali ha causado el desplazamiento de más de 200.000 personas, de las cuales al menos 46.000 se han trasladado a Bamako.