Una década después de los atentados que segaron la vida de 202 personas en Bali, centenares de supervivientes y familiares de las víctimas se reunieron hoy en una ceremonia conmemorativa en esta isla indonesia.

La primera ministra australiana, Julia Gillard, el ministro de Asuntos Exteriores de Indonesia, Marty Natalegawa o su homólogo neozelandés, Murray McCully, presidieron los actos de homenaje celebrados en la localidad de Jimbaran, en el sur de la isla de Bali.

Los ataques perpetrados cerca de la medianoche del 12 de octubre de 2002 en la discoteca Sari Club y el bar Paddy's, los más sangrientos de la historia reciente de Indonesia, fueron obra de Yemmaa Islamiya, un grupo terrorista islámico considerado el brazo de Al Qaeda en el Sudeste Asiático.

En los atentados fallecieron 202 personas de 21 países, entre ellos, 88 australianos, el grupo más numeroso, y 38 indonesios.

La primera ministra australiana reconoció en su discurso que abundan "las heridas y cicatrices, curadas y sin curar" y lamentó ante los familiares de las víctimas que nada podrá reemplazar el asiento vacío que ahora hay en sus mesas en referencia a los que están ausentes.

No obstante, consideró que la colaboración posterior entre Australia e Indonesia ha llevado a los dos países a una relación mucho más estrecha.

"Ellos atacaron a nuestra gente y a través de ellos, intentaron derribar nuestros valores" pero "es obvio que el ataque a nuestra conciencia de nosotros mismos, como australianos y personas, ha fallado", agregó Gillard.

Asimismo, el ministro de Asuntos Exteriores indonesio denunció que los terroristas "no sólo pretendían matar y mutilar, sino que su ataque fue una agresión a la humanidad".

Natalegawa aseguró que Indonesia, el país con más musulmanes del mundo, continúa comprometido en la lucha contra el radicalismo para que "la humanidad prevalezca sobre el odio".

El actual gobernador de Bali, Made Mangku Pastika, expolicía que dirigió las investigaciones posteriores a los atentados, destacó que la pérdida no sólo causó dolor, sino que "aportó fuerzas para luchar contra el terrorismo y otras actividades extremistas".

Por su parte, el presidente indonesio, Susilo Bambang Yudhoyono, el gran ausente en las conmemoraciones en Bali, firmó ayer un artículo en el periódico australiano "Sydney Morning Herald" en el que afirmó que el "monstruoso acto de terror de Bali no consiguió fracturar Indonesia".

"Musulmanes, hinduistas, cristianos y budistas de toda Indonesia condenaron los ataques y repudiaron a aquellos que tergiversan la religión para llevar a cabo actos de violencia", subrayó Yudhoyono.

La ceremonia de hoy, que será el último acto oficial de recuerdo a las víctimas, incluyó una visita de las autoridades a la zona cero de los atentados donde se erigió un monumento en su memoria y al hospital en el que fueron atendidas las víctimas, entre las que se cuentan más de 250 heridos que lograron sobrevivir.

En los ritos conmemorativos también han intervenido líderes religiosos musulmanes, cristianos e hinduistas, así como allegados de los fallecidos que leyeron el nombre de cada una de las víctimas bajo un sol radiante y flanqueados por banderas australianas e indonesias.

Los principales responsables de los atentados, los indonesios Ali Amrozi, Imam Samudra y Ali Gufron, todos miembros de la organización radical islámica Yemmaa Islamiya, fueron arrestados, condenados a muerte y ejecutados el 8 de noviembre de 2008.

Asimismo, Umar Patek, artificiero de Yemaa Islamiya y el último cómplice importante de los atentados, fue sentenciado el pasado mes de junio a 20 años de cárcel tras expresar su arrepentimiento.

La Policía indonesia alertó esta semana ante un posible ataque terrorista durante los actos de conmemoración, por lo que unos mil agentes se encargaron de la seguridad en la turística isla y otro contingente del mismo tamaño acompañó a los mandatarios y personalidades.

Drajat Wibawa, enlace de seguridad de Naciones Unidas en Bali, explicó a Efe que la situación "está catalogada de riesgo y se mantendrá así durante todo el fin de semana, a pesar de la gran presencia policial y de fuerzas de seguridad".

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Paula Regueira Leal