La empresa de seguridad G4S, que no cumplió con su promesa de tener más de 10.000 guardias de seguridad para los Juegos Olímpicos, anunció que su contrato fallido le puede llegar a costar hasta 78 millones de dólares (50 millones de libras).

Los organizadores de los Juegos Olímpicos de Londres lidiaban el viernes con las consecuencias del anuncio de que 3.500 soldados británicos, algunos que acaban de regresar de Afganistán, tendrán que ayudar a vigilar las instalaciones de la justa, debido al incumplimiento de G4S.

En un comunicado difundido la noche del viernes, la compañía dijo que había encontrado recientemente "importantes dificultades para procesar las solicitudes en las cantidades necesarias para la investigación, entrenamiento y procesos de acreditación de todos los solicitantes".

Asimismo, la compañía agregó que estaba incurriendo en "costos significativos", mientras intentaba enfrentar los desafíos del contrato, además de que el impacto financiero seguía siendo difícil de medir. Estimaba pérdidas de entre 35 millones y 50 millones de libras en el ejercicio en curso.

A dos semanas de la inauguración de los Juegos, la noticia fue un balde de agua fría para los organizadores. El líder del comité organizador, Sebastian Coe, tuvo que explicar por qué el único proveedor de seguridad de los Juegos provocó semejante lío.

"Te das cuenta de algunas cosas que hay que resolver cuando todo se pone en marcha", dijo Coe el viernes. "Cuando todo se puso en marcha y vimos parte del reclutamiento (de guardias)... tomamos una decisión muy rápida y decisiva y prudente y juiciosa de hacer lo que hicimos".

Los problemas empezaron a surgir hace apenas unas semanas. G4S no suministró suficientes guardias cuando el estadio y el centro acuático fueron "clausurados", un proceso en el que se implementaron las más estrictas medidas de seguridad antes de los Juegos. El gobierno empezó a hacer preguntas y apenas el miércoles, G4S decía que podría cumplir con sus promesas.

El jueves, la ministra del Interior, Theresa May, tuvo que enfrentar la ira de los legisladores por la debacle y la decisión de utilizar más efectivos, para elevar a 17.000 la cantidad de militares involucrados en la seguridad del suceso.

La seguridad es uno de los puntos más importantes de los Juegos Olímpicos desde que 11 atletas y entrenadores israelíes murieron en un atentado terrorista en la justa de 1972 en Munich. Las autoridades británicas estarán en alerta máxima durante los Juegos de Londres.

Londres también ha sido blanco del terrorismo, cuando cuatro suicidas mataron a 52 personas el 7 de julio de 2005 en el sistema de transportación pública de la ciudad, un día después que Londres recibió la sede de los Juegos. Además, la amplia presencia de prensa internacional convierte a las olimpiadas en un blanco ideal para cualquier grupos terrorista que quiera llamar la atención del planeta.

Algunos piden que G4S encare multas, e incluso el primer ministro David Cameron dijo que las compañías que no cumplan con sus contratos deben "pagar ese dinero".

G4S, que tiene más de 657.000 empleados en más de 125 países, atribuyó los problemas a dificultades para conseguir y adiestrar personal. Pero los comentarios de supuestos candidatos publicados en redes sociales apuntaban a problemas de mala administración y desorganización.

Posibles guardias utilizaron la página de Facebook de la compañía para pedir información sobre dónde les entregarían sus acreditaciones y uniformes; otros se preguntaban cuándo les darían sus turnos; por qué los habían aprobado pero no habían recibido más detalles; o cuándo debían presentarse a trabajar y cómo los utilizarían.

Jimmy Schofield, un solicitante de 32 años, dijo que quedó estacando en el proceso de contratación desde marzo.

"Estoy desesperado", señaló. "Sólo quiero trabajar. Rechacé otras ofertas de trabajo porque me dijeron que estaría trabajando en los Juegos Olímpicos".

Desde el año pasado, la contraloría británica advirtió que "la necesidad de más mano de obra ha producido un gran reto de reclutamiento".

"Se excedieron", comentó el experto en seguridad olímpica, Peter Fussey. "Esto se veía venir".

Coe le dijo a los periodistas que este problema no afectará la imagen de los Juegos de Londres.

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Chris Lehourites contribuyó con este despacho.