Tokio se prepara para albergar mañana domingo una conferencia internacional sobre Afganistán, en la que Kabul buscará promesas de ayuda de hasta 4.000 millones de dólares anuales para financiar el desarrollo del país tras la retirada de las tropas extranjeras, en 2014.

El encuentro, al que asistirán ministros y representantes de 80 países y organizaciones internacionales, tiene lugar dos meses después de que los países de la OTAN se comprometieran en Chicago (EE.UU) a dar a Afganistán unos 4.100 millones de dólares anuales para financiar el mantenimiento de la seguridad tras el repliegue.

Esa cantidad está exclusivamente destinada a las Fuerzas Armadas y la Policía local, mientras que mañana en Tokio se hablará sobre la ayuda que Afganistán, uno de los países más pobres y también más corruptos del mundo, necesitará en los próximos años para su desarrollo.

Se espera que los donantes se comprometan a dar entre 3.300 y 3.900 millones de dólares al año al menos hasta 2015, a cambio de que Kabul aplique reformas para, entre otras cosas, erradicar la corrupción, mejorar su sistema legal, fortalecer sus finanzas y mejorar los derechos de la mujer.

Según el Banco Mundial (BM), 3.300 millones de dólares anuales es el mínimo necesario para mantener los progresos de la última década en Afganistán, pero si se aspira a alcanzar los Objetivos del Milenio para el año 2024 se necesitan unos 3.900 millones de dólares al año.

Para reducir la pobreza e impulsar el crecimiento en la llamada "década de la transformación" (2015-2024), en la que Afganistán pasaría de depender de la ayuda internacional a financiarse por sí mismo, es clave potenciar sectores como el agrícola, del que depende el 80 % de sus cerca de 30 millones de habitantes, según el BM.

En la década posterior a la invasión de Estados Unidos en 2001, la ayuda extranjera se ha traducido en progresos como el aumento de la escolarización (de 1 millón de niños en primaria en 2001 a 7 millones en 2009) o del acceso a la sanidad básica (del 8 % de la población en 2001 al 68 % en 2009).

Solo entre 2008 y 2010 Afganistán recibió ayuda por casi 17.500 millones de dólares, con Estados Unidos como principal donante (casi 3.000 millones de dólares anuales), seguido de Japón (unos 540 millones de dólares) y Alemania (400 millones de dólares), según datos de la OCDE.

Sin embargo, la arraigada corrupción suscita dudas sobre la efectividad de la asistencia: en 2011, Afganistán aparecía como el cuarto país más corrupto del mundo en la lista de la organización Transparency International, solo por detrás de Somalia, Corea del Norte y Birmania (Myanmar).

Por eso la conferencia de Tokio buscará un compromiso mutuo, el de ayuda "concreta y duradera" al desarrollo a cambio de una hoja de ruta que asegure que Afganistán hará más para mejorar su transparencia y su gestión financiera.

El objetivo es que quede plasmado en el "Marco de Tokio de Responsabilidad Muta", un documento que redefinirá los principios y obligaciones de Afganistán y la comunidad internacional en su alianza para el desarrollo afgano, según una fuente del Ministerio nipón de Exteriores.

Además del presidente afgano, Hamid Karzai, a la conferencia de Tokio asisten representantes de los países vecinos y de las principales potencias y organizaciones mundiales, entre ellos el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y la secretaria de Estado de EE.UU, Hillary Clinton.

Esta última llegará a Tokio pasada la medianoche de hoy procedente de Kabul, adonde viajó este sábado en una visita no anunciada para abordar con Karzai la situación en el país y el proceso de reconciliación antes del encuentro de mañana.

Poco después de llegar a Kabul, Clinton anunció que Estados Unidos ha designado Afganistán "aliado mayor" entre los países no miembros de la OTAN, una categoría que solo tienen estados como Israel y Egipto y que abre el camino a estrechar la cooperación militar entre Washington y Kabul.

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Por Maribel Izcue